Amores de una vez

Nos volvimos a encontrar casi un año después.

Un buen día de Junio o por ahí me mandó un mensaje muy peculiar que decía lo siguiente, en otras palabras

«La vida me ha enseñado mucho en este último mes, creo que debo disculparme»

Acepté porque en fin, me daba mucha curiosidad lo que le había sucedido, que había tenido que dejar de lado el orgullo y optado por aproximarse con una bandera blanca. Y también, por supuesto, porque sentía que guardar resentimientos estaba de más.

Nos juntamos en este lugar donde habíamos tomado desayuno o almuerzo unas varias veces y conversamos, muchísimo, sobre aquello que había sucedido.

Después de unas cuantas oraciones muy similares a otras, comprendí todo: le habían roto el corazón.

Me molestó un poco que él haya comparado su situación con la nuestra. Una cosa es un capricho, otra distinta es enamorarse, y otra muchísimo más distinta es amar a alguien. ¿No?

Pero seguí escuchando, chismoseando. Y de pronto, sentí una leve alegría por su terrible desdicha. Soy humana y considero justo haber sentido ello.

Al rato, mientras él le daba vuelta tras vuelta a su historia la cual creó que tenía diversos puntos flojos dejé de convertirme en «aquella que observa con gozo la tragedia ajena» a ser más «una vieja amiga que escucha». Y eso, además de agradarme, me dio cierta paz: ya no tenía porqué vivir con rencores.

En ese momento lo perdone.

Y mientras iba analizando mi proceso, una frase llamó mi atención.

Tienes que aceptar que de repente nunca más vas a volver a experimentar lo mismo.

– ¿Qué? – le dije 

– Alucina, y me lo dijo mi madre – respondió – ósea que tiene incluso más sentido

Y empecé a analizar si yo había pasado por ese tipo de relación. Aquellas que no llegas a superar, aquellas que podrían durar una eternidad en tu cabeza pero muy poco tiempo en realidad.

Al final, son solo sensaciones. El propio enamoramiento lo es.

W

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