Tomar vino y perder un poco el tiempo

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Entonces partimos muy temprano hacia la frontera.

Peleamos antes de salir de la casa.

Pero igual salimos, y el tiempo hasta llegar a la frontera se hizo eterno, claro, gracias a nuestras alteraciones combinadas como agua y aceite si, no se me ocurre una comparación mas creativa.

Él con su poca paciencia, y yo, intentando lidiar con un fracaso amoroso más a la lista.

Igual, seguimos siendo lo mismo el uno para el otro, las cosas no pueden empeorar más de ese silencio amargo y frío.

Llegamos a Arica.

Me prometí, con aquella, una de mis mejores amigas que pasaba por una situación de reinicio similar, que no íbamos a pensar en ellos durante el viaje.

Fallamos, supongo.

Ambas estábamos dejando atrás una mitad de año muy confusa, con finales confusos, y encuentros furtivos en nuestra imaginación compartida.

Estancadas, parcialmente, en nuestros más profundos deseos.

¿De qué?

De que lo que sea que vivimos, cada una por nuestra cuenta y manera, no sea del todo cierto, quizás.

o quizás también de todo este rollo que implicaba volver.

Llegamos a Santiago, tomamos vino, y nos pusimos a perder el tiempo viendo perfiles de chicos con los que nunca saldríamos.

Y de pausa en pausa, y unas cuantas copas más, volvíamos inevitablemente a ellos.

Hoy, esos entonces se sienten más y más lejanos, hasta chistosos.

– ¿Parecía eterno no? – le digo mientras contemplamos la vida, con otras copas de vino, en otra estación, en otro año.

– Pues sí – me mira, levanta la copa y termina de vaciar la copa – hasta me jode un poco que me haya tenido que sentir tan mal por alguien así.

– Es parte de – sonrío – estamos donde tenemos que estar.

Ama Ndlovu explores the connections of culture, ecology, and imagination.

Her work combines ancestral knowledge with visions of the planetary future, examining how Black perspectives can transform how we see our world and what lies ahead.