Un cuatro de febrero

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Empezó a pensarlo más que antes, quizás incluso, más que al comienzo.

Empezó a verlo en cosas insignificantes, un clavo, por ejemplo.

Entonces recordó cuando empezó a expresar su enojo hacia él a través de la reacción más estúpida e ilógica que alguien pueda elegir: hacer lo que a él le jodía que ella haga, osea, fumar.

Se dedicó a fumar en su habitación.

Al despertar, al irse a dormir, mientras leía/estudiaba/veía la vida pasar/entre otras muchas situaciones de su día a día.

¿Es complicado cuando llegas a acostumbrarte a que una persona sea parte de tu día a día no?

Y luchamos contra eso: el bendito proceso del desapego.

Lo aconsejamos pero nos resulta difícil aplicarlo en nosotros.

Lo observamos en relaciones ajenas y, hasta lo detestamos.

Pero, a veces resulta inevitable volver a ello.

¿Pero porqué fumar?

Su perfume/esencia la transportaba a días enteros en la cama.

Su presencia, su estúpida presencia que la provocaba, que la hería.

– Ya no hiere, se ha convertido en una patética falta/ausencia – le dice a su amiga – es solo una falta, y fin.

– Sin embargo – responde la amiga – son límites muy delgados los que tienen la falta y la necesidad. Incluso, pueden llegar a no cumplir su trabajo.

– Se complementan, se excluyen – respondió, queriendo ser parte de su monólogo, de su cátedra de sus muchas y variadas recaídas en el recuerdo/nostalgia – Son mucho de pocas cosas, y viceversa.

– Ya empezaste a enredarte en tus ideas – me dice girando los ojos.

Reímos.

– Bueno, ya – digo – conclusión: lo que extraño del tipo es la idea de él.

– Eso está más decente.

– De ese sujeto que creí conocer, ese presunto amor, muy débil para existir, muy superficial para durar…

Silencio.

Claro, probablemente su conclusión le recordó a alguna experiencia pasada, y es que, sin ánimos de meternos a todos en un mismo saco… ¿quién no ha tenido una de esas frustraciones disfrazadas de amores?

Silencio.

– Y bueno, aún así ¿lo intentábamos no? – concluyó decepcionada de sí misma.

 

Ama Ndlovu explores the connections of culture, ecology, and imagination.

Her work combines ancestral knowledge with visions of the planetary future, examining how Black perspectives can transform how we see our world and what lies ahead.