16:45. El Campello. Alicante.
Hace frío en la sombra.
Corre ese vientecito veraniego que rodea la costa sureste de España.
Hay una abuela, una hija y un nieto a su costado.
Al pequeño lo han dejado como vino al mundo. Y bueno, nadie se sorprende. Es una playa nudista.
Pobre, aún no sabe nada de la vida. – piensa mientras se recuesta sobre la arena.
Esta tibia.
Sus pies descalzos dan al mar Mediterráneo y por un momento deja de llevar su cabeza con ideas vagas.
Usual.
Una parte de ella se siente como ese niño.
O al menos, es así como le gusta sentirse a veces.
A la deriva.
No sabiendo nada de la vida.
No teniendo nada claro.
Sin preocupaciones redundantes y tediosas.
Sin vuelos de regreso que tomar, becas en el extranjero que debe buscar.
Estudios por concluir y la búsqueda de un trabajo que le permita costearse su independencia.
Deja de pensar.
Se echa bajo el sol.
Se queda dormida.
Se insola.
