Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Preámbulo

Llevar este profesorado desde el inicio fue un loco.

La decisión, o el inicio de esta, la tomé mientras manejaba al estudio de Magdalena a grabar un testimonial de Santiago para promocionar el profesorado.

Estaba ahí, plantada en la Javier Prado, cantando un poco, dejando que la vida se pase mientras observaba como las otras personas en los carros cerca a mi, hacían lo mismo.

Y me detuve ahí, en ese momento de mi vida donde ando en modo automático y la vida, se me va pasando lentamente. Resulta que, sin darnos cuenta vivimos así, con espasmos de tiempo que no visualizamos porque andamos en tantas cosas que cuando no andamos en nada, no tiene importancia, no disfrutamos ese momento de quietud, y simple y llanamente, dejamos de estar.

Al darme cuenta de esto, al observar que miles de personas como yo se estaban sintiendo así en este preciso momento, dije NO.

Me dije a mi misma:

No, no vas a seguir pateando para después las cosas que quieres hacer en tu vida. Tu vida es aquí y ahora. ¿Porqué seguir esperando «el momento correcto» cuando ese momento lo creas tu misma?

Pero claro, ese día no pagué la primera cuota del profesorado, antes, me dediqué a consultar con más de 10 personas, relacionadas al mundo del yoga, sobre mi decisión, sobre el instructor, Fred Busch, sobre mi problema en la espalda, en fin, sobre muchas cosas que me impedían tomar la decisión de una sola vez.

Y me la pasé así días.

Dándole vueltas al asunto. Día y noche, y en cada ocasión que tuviera de hablar al respecto, o de hablar conmigo misma.

Me costó mucho mirarme al espejo y decirme:

Vamos, estás preparada, puedes hacer esto, aquí y ahora.

¿Cuales eran mis mas grandes temores?

No ser lo suficientemente buena o capa para convertirme en una profesora de power yoga

No tener el cuerpo adecuado para ser excelente en yoga

Que el profesorado dañe aún más mi espalda

No pasar los exámenes

No lograr conectar conmigo misma y llegar a ese estado de meditación que veo que muchas personas llegan.

Entre otros impedimentos tontos que constantemente me hacía.

No fue hasta que salí a almorzar con mi mamá y mi hermana que tomé finalmente la decisión.

Hicimos picnic, como cualquiera de esos otros días donde mi mamá nos extraña y nos dice para almorzar en el malecón. Ellas sabían, hace tiempo, que quería llevar un profesorado en algún momento de mi vida, que quería enseñar, y enseñar específicamente a personas con el mismo dolor de espalda que el mío.

Entonces empiezo a hablar del profesorado, empiezo a hablar sin para y poco a poco voy resolviendo ese tipo de cuestionamientos, de esos que solo nosotros podemos hacernos para llegar a una respuesta.

En eso, sentada de cuclillas, decido hacer la postura del cuervo, pues siempre que puedo estoy practicándola, ya que aún no puedo hacerla del todo bien, ni mucho menos pasar a la siguiente etapa un poco más avanzada del cuervo.

Y me sale.

Y me quedó ahí, unos segundos en suspensión, sosteniéndome con mis manos, fuerza en el core, y concentradísima en mi drishti.

Haré el profesorado – le digo a mi madre – estoy lista

Lo chistoso de esto, es que luego descubriría que cuervo es una de las posturas que no debo hacer si quiero sanarme de la espalda.

¿Cómo es la vida no? Te manda señales tan sutiles, que toma tiempo comprenderlas con profundidad.