Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Marzo


Día 55

miércoles 1

Como todos los inicio de mes, comencé este cambiando de lugar y dejando Tacna por la mañana.

Tacna donde pasé mi infancia y adolescencia.

Tacna donde tuve mis primeros amores.

Tacna que me recibía para resguardarme después de nuestra ruptura, la más caótica de todos los tiempos.

Ahora me despedía y partíamos para Arequipa.

El plan era parar en Puerto Inca a dormir pero el viaje se fue retrasando, los planes fueron cambiando y no nos quedó de otra más que seguir de largo hasta ver las playas del sur de Lima y saber que, efectivamente, había regresado.

En lo que le hacíamos un balanceo a las llantas de mi carro un hombre sufrió un paro cardiaco.

Yo estaba llenando un test psicológico que Claudia me había encargado hace 2 semana en terapia y no me percaté de la situación hasta que vi una mujer pasar por mi costado súper nerviosa.

El Emma estaba en su camino y eso la puso más nerviosa.

Levanté la mirada y ahí estaba el escenario: mucha gente rodeando a un hombre que temblada y tenía espasmos en el suelo de un taller mecánico.

Una ambulancia llega después de un espacio en el tiempo que parece eterno.

Se lo llevan y queda la incertidumbre en el aire.

¿Qué le habrá pasado a ese hombre?

La vida es muy corta para andar sufriendo de amores insostenibles.


Día 56

jueves 2

Manejé por la tarde de 6 a 10, y por la madrugada de 3 a 7.

Las luces se me mezclaban, mi papá dormía al costado y mi hermana en la parte de atrás.

El Emma me respiraba al oído fuerte, como siempre lo hace, como nunca te gustó que lo hiciera.

Tu rostro se llenaba de incomodidad y yo intentaba distraerte con algo para hablar o alguna canción para cantar.

Poco a poco, todo lo que vivimos el año pasado parece estarse borrando.

Y aunque luche contra eso, no puedo evitarlo.

Cuando empecé a ver las playas del sur de lima sabía que ya estaba regresando.

Esperaba ponerme a llorar o sentir un gran dolor en el pecho, pero no, me dediqué a observar y a respirar.

Recuerdo perfecto cuando estaba dejando Lima, por la misma carretera pero en dirección contraria.

Tenía el carro a tope con mis cosas y el carro de mi mamá iba adelante con incluso más cosas.

No necesitaba tanto, pero todo es parte del aprendizaje.

En algún momento mientras llegábamos, me llegó la carta del ministerio.

Llegar a Lima fue una combinación del tráfico caótico, un poco de lágrimas, ver el condominio y saber que esta «visita» no iba a ser tan corta como las anteriores.

Mis cosas estaban aún embaladas en la entrada de la casa, mis cuadros en la misma posición, mucho polvo, alergia instantánea.

Quedé en salir con un amigo/vecino pero el cansancio me tumbó a las 6 de la tarde y cancelé.

No hubo angustia al dormir, no hubo nada en realidad, solo me quedaba aceptar que había regresado, por un tiempo, a Lima.


Día 57

viernes 3

Recogí la carta del ministerio, mi pa me acompañó al centro de Lima y eso nos ayudó a no tener que buscar estacionamiento.

En realidad, ir hasta allá fue solo una formalidad, porque la carta la envían al correo también.

Hoy es el último día con mi pa, después de estos meses de convivencia en la playa.

Fue bueno estar con él, siempre recuerdo cuando me dijo «Andi, hubo una vez que no me hablaste por más de un mes».

Eso fue duro.

Fue justo cuando estábamos en el norte, en Bocapán, pero te mentiría si supiera el motivo de no hablarle.

Creo que en ese entonces me desconecté del celular y no hablaba con nadie, solo quería estar contigo.

Siempre fue así, desconectarme para estar contigo.

Vi a Dani después de muchos meses y sin saber cuando volveríamos a coincidir en la misma ciudad.

Fuimos a la noche de barranco, ese lugar me encanta, y me encanta también que ya haya abierto sus puertas con normalidad.

Ya son casi 3 años desde que empezó la pandemia, no tendría sentido que sigan cerrados o funcionando como cevichería.

También me reencontré con muchos amigos de la universidad, específicamente de audiovisual, lo que me hizo recordar que al día de hoy, ni siquiera he vuelto a agarra la cámara.

¿Qué me pasó?¿En qué momento dejé de tomar fotos o grabar?

Hubo un tiempo que solo quería crear historias con mi cámara, ahora hasta estoy pensando en venderla.


Día 58

sábado 4

A la 3 de la mañana recordé que le había prometido a mi papá y mi hermana dejarlos en el aeropuerto y como buena hija responsable me fui de la fiesta a casa, me tomé un gran vaso de agua y actué sobria solo para dejarlos y despedirme correctamente.

Apenas dejé a mi pa y nos despedimos muy rápido porque los policías ya estaban jodiendo, se me llenaron los ojos de lágrimas.

Lloré buena parte del camino.

¿Cuándo lo volvería a ver?¿Cuándo volveríamos a pasar tanto tiempo juntos?

Quizá después de Australia, en alguna de mis crisis que seguramente vendrán.

Llegué a casa como a las 5 y me quedé dormida sin poner alarma.

Me desperté un poco desconcertada a las 8:20 y sin saber muy bien qué tenía que hacer.

Tenía mi examen IELTS a las 9.

Me demoré 2 minutos en salir, con el tufo en la boca, sin peinarme, mi jean sucio y una mochila llena de cosas, esperando llevar lo que necesitaba.

Un taxi para, me ve desesperada y un poco borracha y le digo que llegue volando a Miraflores.

En señor se compromete con la misión y cruza Lima en media hora, parando incluso, a que me compre un par de plátanos para eliminar el tufo de mi aliento.

Me cobró un dineral, eso sí, pero me ayudó a no perder mi examen y las casi mil lucas invertidas en él.

Antes de bajarme del taxi me dijo «ve y aprueba, que yo no llevo a perdedoras»

Me dio risa y de alguna forma cambió la manera en la que llegaba al examen, desarreglada, con tufo y un poco borracha.

De hecho, ese día me vi en el espejo del ascensor y me sentí muy bonita, tal vez eran los efectos del alcohol o tal vez era esa mirada hacía mi que no viene muy seguido pero que es amable y amorosa.

Necesito quererme más, incluso en situaciones paupérrimas.

Me encontré con Memo y Franco después de eso, no dejé de hablar por varios minutos y luego su gata empezó a sobarse con mi pierna.

No me dio alergia, pero estuve muy cerca.

Debimos tener gatos, quizá esas ideas tuyas sobre que los gatos separan a las parejas era totalmente errónea y era todo al revés.

Pasé el día con mis mejores amigos, Fer y Memo, y fue el mejor remedio a todos mis males que pude pedir.

A diferencia de otras veces, donde algo siempre me pasa, esta vez hablé poco de mi y me dediqué a escuchar.

Me gusta esa versión mía, que no habla tanto de sus problemas porque eso solo los hace mas grandes y gordos.

A la conclusión que si llegué y lo dije en voz alta es que efectivamente, nuestros últimos meses de relación fueron tóxicos.

Yo lo sé, tu lo sabes, y todas las personas que nos conocen realmente saben que no nos estábamos haciendo bien si seguíamos juntas.

Se habían quebrado muchas piezas clave del rompecabezas y nos esmeramos en igual colocar las piezas que quedaban ilesas.

No es la forma de armar un rompecabezas.

Aún así, cuando hablo de ti, que cada vez es menos, no me gusta hablar mal de ti y echarte la culpa de todo lo malo que pasó después de la ruptura.

La culpa fue de ambas, y espero que algún día, sin darnos cuenta, la hayamos soltado del todo.


Día 59

domingo 5

Me tomé un café con mi buen amigo Hector.

Hablamos de dilemas existenciales, del amor, del desamor, de la desilusión al enamorarse hasta los huesos y que el amor se acabe de la forma más estúpida.

Él está en un proceso de deconstrucción encaminado hacia el espiritualismo y prácticas budistas muy bonitas.

Siempre metido más en su cabeza que en acciones.

Aún recuerdo cuando me dijo que tenía Asperger y todo cobró sentido a la primera.

Es un buen tipo, un poco loco y con ideas excesivamente sólidas, pero buen tipo después de todo.

Luego salí hacia la punta para pasar el día con Katty.

Ella es de esas personas que veo contadas veces al año, no hablamos siempre, pero cuando nos toca estar juntas, es muy reconfortante y los temas de conversación no parecen terminar.

Terminé el día llegando muy tarde al cumpleaños de Roberto.

El día no me alcanza, no se si es mi falta de organización o lo grande que es Lima y la manera en la que había olvidado cómo era vivir acá.


Día 60

lunes 6

Hoy ya son 2 meses de contacto O.

Qué sensación más extraña.

Una combinación inusual de «logro» + «decepción»

Logro porque cumplimos nuestra palabra de no buscarnos más, excepto ese lapsus brutus que tuve al llamarte cuando me enteré lo de Huaypo.

Decepción porque realmente no nos buscamos más a pesar de todo el amor que nos tenemos.

Lo que confirma lo que muchos temen decir en voz alta: el amor no es suficiente, mucho menos el amor romántico.

Trabajé, creo, y luego hice varias cosas que solo llenaron los espacios libres de mi día.

Entre esos espacios estaba tener la conversación con Sergio.

Fue, como decirlo, liberadora.

Recibí las disculpas que había estado esperando por casi 6 años, lloré pero no a mares como siempre me lo había imaginado, cuestioné mi memoria y estuve a punto de invalidad mi versión de los hechos.

Aún no tengo claro nada, pero de que me siento más ligera, eso sí.

Me junté con Lu después, siempre es bonito verla, y siempre me quedo con la sensación que quiero frecuentarla más y que me cuente más de su vida, pero parece que siempre tenemos cosas que hacer.

Así es Lima, la gente siempre tiene cosas que hacer, las agendas se vuelven más apretadas y te tienes que levantar más temprano para que el día alcance.

Vi a Anto en la noche, se va a casar pero no me invitó, no la culpo, no hablamos ni nos vemos hace años.

Casarse debe implicar un presupuesto

tan alto que toda persona que asista debe ser elegida con cautela.

Anto me pinchó el globo y me dijo que no podría viajar con el Emma a Australia.

Entré en una pequeña crisis que disimulé con mi bonita sonrisa.

Cuando llegué a casa me propuse buscar a fondo si era verdad lo que ella afirmaba con convicción.


Día 61

martes 7

Hace más de un mes compré una entrada para un concierto que me recordaba a la época universitaria con un amigo que no veo desde la universidad.

Bueno, si te soy sincera, él nunca fue un amigo cercano, pero no tenía ganas de ir a un concierto sola y parece que él tampoco.

Nos juntamos cerca a mi casa, conoció al Emma, y hablamos de lo que hablan dos personas que no se ven hace más de 5 años: las peripecias de la vida.

Le conté de mi bisexualidad y su reciente descubrimiento y él me contó cómo había sostenido una relación abierta y cómo eso le había cambiado su manera de ver las relaciones con las mujeres.

No lo dijo, pero creo que también estaba explorando su sexualidad.

Me acompañó de regreso a casa y me dijo si podía subir a conectarse a internet para llamar su taxi y mi reacción instantánea fue, no te preocupes, yo te comparto.

No estoy segura si buscaba algo más, pero yo definitivamente no estoy como para conocer a alguien, qué flojera sinceramente.

Sigo sin desembalar mis cosas.


Día 62

miércoles 8

Saqué el certificado del Emma para viajar, nos vamos en unos días a Talara y luego a tumbes.

Le vengo diciendo cada mañana cuánto nos falta.

Sé que extraña la playa, yo también la extraño.

Estar en Lima es caos.

Fui finalmente a ver a este grupo que conocí en la universidad por una amiga que los escuchó un día y se enamoró.

Recuerdo que fuimos a la noche de barranco y no me sabía ninguna de sus canciones, los tenía muy cerca porque estábamos sentadas en las mesitas de abajo.

Ahora se presentaban en el teatro nacional del perú y era todo un acontecimiento.

Extrañé igual los conciertos que daban en la noche y ese ambiente cálido como de juego y cercanía con personas que bien podrían ser tus amigos de la u.

Nos comimos unos happy brownies y a mitad del concierto ya estaba volando.

Me comí uno entero, tal vez no fue tan buena idea y debí guardarlo para el fin.

Salimos muy volados a comernos la última pizza de esa pizzería famosa cuyo nombre no recuerdo.

Nuevamente sentí como si él quisiera quedarse un rato más, o ir a algún otro lado.

Yo solo quería dormir.


Día 63

jueves 9

Fui al cine con mi ex.

Sí, ese al que tanto temías y del que tanto estabas tan celosa por una carta que le escribí cuando apenas habíamos terminado.

Siempre te dije que no tenías nada de que preocuparte y las cosas no han cambiado desde ese entonces.

Nos encontramos en la puerta de mi depa, salimos a pasear al Emma, de paso que lo conocía y justo antes de ir caminando al cine me preguntó cómo estaba.

Se me hizo un nudo en la garganta, no supe cómo responder y evadí la pregunta.

Estoy muy sensible y es una pregunta que se puede responder con un simple «bien» o abrir un libro grueso de emociones desvariadas y llanto entrecortado.

La película se llamaba «La ballena» y era una historia de padre e hija y de un hombre que se había dedicado a comer hasta matarse.

Me sentí muy identificada con la relación con mi padre y su adicción al alcohol y pasé 2 tercios de la película llorando.

Ro se dio cuenta, seguro, pero no me dijo nada a lo largo de la película.

Yo lloraba en silencio, fue por él que aprendí a hacerlo de esa forma, qué ironía.

Al terminar la película nos quedamos viendo los créditos, como siempre hacíamos, y en algún momento, cuando ya estaba pasando mi llanto y tenía esa sensación de cansancio después de tanto llorar, me volvió a preguntar cómo estaba y me quebré.

Me llené de agua.

De agua y una enorme sensación de vacío y tristeza que no pude contener.

Las luces de la sala se prendieron, la gente se fue, el silencio nos empapó de incomodidad y yo no podía parar de llorar.

Lloré y lloré y en algún momento de ese período borroso de vulnerabilidad me di cuenta que tenía que parar, que no podía quedarme a dormir en la butaca mientras él me abrazaba.

Salimos e intenté cubrir mi cara, me metí al baño huyendo de la situación y me di cuenta lo hinchada que estaba, no podía hacer nada al respecto, me lavé la cara, me sequé las lágrimas y salí a su encuentro.

No hablamos hasta salir del cine y en lo que caminábamos a mi casa nuevamente me puse a llorar.

Nos abrazamos muy largo en medio del centro comercial.

Un abrazo, que en mi cabeza duró años y que resumía los últimos momentos de nuestra relación con un pequeño cambio: él finalmente aprendió a sostenerme en la tristeza.

Nunca lo hizo, siempre era más como un rechazo a mi llanto y yo intentando ocultar mis emociones, taparlas con edredones pesados de pretensión.

Ahora me sostenía.

Volvimos a mi casa, me saqué los zapatos, jugamos cartas, nos tomamos un vino y nos quedamos dormidos en el sofá.

Solo me abrazaba, algo que había estado necesitando estos meses sin ti.

Un abrazo que dura años, que dura vida, que traspasa almas y alcanza la infinidad del universo.

Me dijo que estaba saliendo con una compañera del trabajo, y aunque mi corazón se rompió un poco en ese momento, me alegré que estuviera siguiendo con su vida, era lo que yo siempre le pedí cuando terminamos.

Ro es mi amarillo, uno de los 23 que encontraré en mi vida.

Me gusta tenerlo en mi vida de esa forma, no para tener algo romántico, solo para estar el uno para el otro y sostenernos en ese tipo de abrazos.

Cuando se fue seguí llorando hasta quedarme dormida.


Día 64

viernes 10

Ro me llamó para almorzar un cevichito y nos encontramos en Surquillo.

Qué caro es comer en Lima, pero que rico se come, eso sí.

Hoy ya tenía mejor semblante.

Hablamos de todo, mucho más sueltos, me contó un poco de su chica y yo le conté un poco del Emma.

Ayer me preguntó por qué lloraba tanto y no sé, no me nació contarle de ti, pero quizá la próxima vez lo haga.

No quiero hablar más de ti porque siempre parecen salir cosas malas, porque me enfoco en lo mal que salieron las cosas.

Basta de eso.

Luego volvimos al cine porque están dando todas las nominadas.

Vimos un peliculón, lloré pero no demasiado, y salí con muchas ganas de hablar de lo buena que había sido la película y las ganas que tengo de retomar mi guión.

Pero siempre se queda en eso, en ganas y nunca acción, habladuría y nunca hacer.

Lo dejé en su casa y le hablé de «El Mundo Amarillo», creo que el di a entender que él era uno de mis amarillos.

Nos abrazamos y nuevamente al despedirnos me puse a llorar.

Él estaba preocupado y se sentía responsable de mi tranquilidad, le expliqué que no, que no tenía que hacerse cargo de mi, que no le correspondía.

Me invadió el pensamiento de ¿qué tal si me equivoqué al dejarlo? y estuvo rondando mi mente por unas horas.

Y luego lo solté.

Claro que no me equivoqué.

En ese entonces éramos otras personas, con otros deseos, con problemas en nuestra relación que ya no se podían sostener de un amor de más de 3 años.

Si no me mudaba a Cusco, probablemente nunca terminaríamos, nunca descubría ni aceptaría mi bisexualidad, nunca hubiera tenido ese amor tan intenso, bonito y loco que tuvimos juntas, nunca hubiéramos crecido como seres humanos, no hubiera conocido al Emma.

La vida no sería la misma.

Y no me arrepiento de todo lo que me trajo la ruptura.

Lo que si haré es alejarme, porque no quiero entrar nuevamente a su vida cuando no tengo nada que ofrecerle.

En realidad, no tengo nada que ofrecerle a nadie.

Estoy a puertas que me den la visa.


Día 65

sábado 11

Me hice otro tatuaje, es una grulla de papel.

Cuando Almendra me preguntó porque me estaba tatuando eso pensé en las 1000 grullas de papel que hice varios años atrás con el fin que un deseo se me cumpla.

Me demoré muchos meses, probablemente años, y cuando ya estaba cerca a la meta y al “supuesto cumplimiento” del deseo, ya había olvidado lo que tanto anhelaba en ese entonces.

Terminé mis grullas, me inventé un deseo e hice como si si se cumplió.

Seguro pedia enamorarme.

En ese entonces sólo buscaba tener una gran historia de amor.

La vida me trajo muchas historias de amor.

La tuya es sin duda la más intensa, bonita y pasional.

Hoy lleve todo lo que estaba embalado desde Cusco, de la sala a mi cuarto/almacén.

Pensé que lloraría y no.

Nada.

Cómo si de pronto me hubiera secado por dentro.

Cómo si de pronto todo el temor que le tenía a ese momento hubiera sido una burla a lo fuerte que soy y lo poco que me la creo.

No pensé que estaría de mi casa tan poco tiempo.

Regresar al depa si se siente como un retroceso, pero sigo pensando en la imagen de un trampolín para darme ánimos.

Tacna fue mi trampolín, Lima será siempre mi trampolín, Tumbes será también mi trampolín y todo, absolutamente todo, hará mi camino más sólido cuando haga el gran viaje.

Nuevamente siento que vivo para el momento que empaque mis maletas y tome ese avión.

Necesito habitar más el presente, disfrutar el camino incluso más que la meta.

Porque si ando persiguiendo ese destino, nunca sentiré haber llegado.

Después del tatuaje me iba a juntar con amigos para ir a matadero, pero estaba muy cansada y mi termómetro social estaba en 0.

Llegué a casa y postulé a la visa.

Listo, ya no hay vuelta atrás.


Día 66

domingo 12

Casi pierdo el vuelo.

Como de costumbre me acosté tarde y sin poner alarma, mi madre, conocedora de mis manías, me llamó 20 minutos antes que llegue el taxi.

Ordené la casa como pude e hice mi maleta de mano de la misma forma, revisando los documentos importantes de viaje, eso sí.

El pasaje del Emma me salió carísimo y tuve que comprarle dos platitos que se enganchan a la rejilla.

Nuevamente viajando al norte con este chico.

No elegí el aeropuerto de tumbes para evitar ponerme nostálgica.

Todo me recuerda a ti y cada vez se siente como si la vida que tuvimos pasó hace mucho mucho tiempo.

¿Sentirás lo mismo?¿pensarás en mí?

Es un pensamiento recurrente.

Y qué si ya no lo haces, estás en todo tu derecho de olvidarme.


Día 67

lunes 13

Hoy un pensamiento volvió a mi después de tiempo: no voy a volver a estar contigo.

Se sentía como la primera vez que pasó por mi mente y rechacé la idea como todas las tantas fatalistas que he tenido en los últimos meses.

Volví al norte pero esta vez sin ti.

Estoy a media hora de Bocapán, donde tuvimos nuestra primera casita, y me aterra salir, acercarme y encontrarme con algo que me recuerde a ti.

La playa se parece mucho a la que teníamos cruzando la pista.

Me faltó apreciar más esa casita y al esfuerzo que hiciste para conseguirla.

Y no solo esa casita, sino el resto de nuestras casas.

¿Lo notas? Sigo lamentándome por todo lo que no hice bien en nuestra relación, me pregunto si tú harás lo mismo.

Hoy retomé mi medicación para la tiroides, parece que eso había sido el detonante de mi depresión y falta de control emocional.

Me descuidé mucho con un medicamento que lo tengo que tomar de por vida y que repercute en mi estado de ánimo y físico.

Ahora se me pasa por la cabeza que quizá si lo hubiera tomado como debía, hubiera manejado mejor la situación y seguiría viviendo en el valle.

Está muy fuerte el pensamiento que en algún otro momento volveré a vivir allá, pero no se si es por el lugar en sí o por la gente que aún está allá, o incluso si es por un deseo encubierto de volverte a ver y volver a conectar.


Día 68

martes 14

Hoy te pensé mucho mientras caminaba por la playa con Emma y Pedro.

No lo hacía hace tiempo, debo admitir.

Lima fue, y es siempre, caos y muchas cosas por hacer y gente por ver.

Claro, viví ahí por casi 10 años, sería raro no tener a nadie con quien salir por un café.

¿Será la arena entre mis dedos y el sonido de las olas?

El Emma corre, mete sus patitas al agua y Pedro le ladra.

Creo que extraña al Blackito, lo veo en su carita.

El día empezó y terminó muy rápido, y en el medio no pasaron muchas cosas.

Compu, desayuno, un poco de piscina, almuerzo, cartas, tinto de verano, cena y a la cama.

No es que espere que cada día pasen muchas cosas, pero tenía la impresión que antes la vida duraba un poco más cada día.

Ahora hago 3 cosas y el sol ya se está ocultando.

Podría quedarme en cama todo el día e igual se pasaría rápido.

Qué ganas de quedarme en cama y no hacer nada, qué ganas de hacer eso contigo, de volver a esos momentos de existencia juntas.

Nada existía, solo tú y yo.


Día 69

miércoles 15

El agua del mar entre mis dedos parece llevarse todos los males.

Y aún así, tengo esa sensación que he perdido el rumbo de mi vida.

Averigüé a profundidad ese tema de llevar al Emma a Australia y efectivamente, no se puede.

No entré en pánico pero si me dio mucha ansiedad.

4 opciones saltaron a mi mente:

  1. Me voy a Australia sin el Emma por 1 año, llego sin un plan a trabajar en una granja (algo que sin motivo alguno siempre he querido hacer) y me dedico a ahorrar pero también a viajar sola por Oceanía y el sudeste asiático.
  2. Me voy 6 meses a Argentina con el Emma y luego nos vamos juntos a Australia, nos vamos con la idea de vivir en un lugar estable, tener trabajo estable y todo así bien estable.
  3. Me voy 3 años a Australia y visito al Emma 1 vez al año, luego regreso a Perú y nos vamos juntos a España a estudiar alguna maestría con el dinero ahorrado en ese tiempo.
  4. Me regreso al valle a vivir con el Emma.

Desglosemos mis conclusiones de atrás hacia adelante.

La cuarta opción tendría sentido si es que no tuviera ningún trámite avanzado.

Ya he pagado la cuota, el examen y estoy por viajar a Lima para presentar unos últimos documentos que me han pedido como respuesta a mi aplicación.

Me encantaría vivir en el valle otra vez, pero sé, siendo lo más honesta conmigo misma, que mi regreso al valle estaría cargado de unas ganas enormes de buscarte y volver a estar contigo, y no sé en qué situación te encuentras ahora, y también se que no estoy en mi mejor momento, emocionalmente hablando, para sostener una relación al 100%.

Aún no sé estar sola.

La tercera opción es pensar mucho a futuro.

No me gusta hacer planes tan largos, y no soy de las personas que tienen planes de contingencia en caso las cosas no salgan como están planeadas

La segunda opción es arriesgada porque primero necesito encontrar un trabajo remoto que me pague decente para vivir en Argentina medio año sin gastarme los ahorros, lo cual es difícil porque tengo que considerar buscar alojamiento para mi y para el Emma y cubrir la comida de ambos.

Además, el plan siempre fue llegar a la inestabilidad para luego ir encontrándola poco a poco.

La primera opción es seguir lo que había planeado, con la diferencia de la extensión de la visa, y por ello surge el plan 5: irme un año, sacar la extensión de visa, regresar por el Emma, nos vamos a Argentina y luego, teniendo más claro cómo es la vida allá, nos vamos juntos a estar 6 meses más, con la posibilidad de extender la visa 1 año más.

Nuevamente regreso al fastidio de pensar tan a futuro solo en el lugar donde viviré.

Creo que mi prioridad es pensar un poco más en qué es lo que haré.

Se pasan los años y estoy en una constante de encontrarme y desencontrarme cada tanto.


Día 70

jueves 16

Otro 16 sin ti, amor mío.

Es muy probable que ya te hayas olvidado la fecha, o que simplemente pase desapercibida.

También pasará eso conmigo.

Uno no vive recordando las fechas que mantuvo con todos sus ex.

Como todos los jueves, tuve terapia.

Lloré un poco, me reí de la estupidez humana y Claudia me preguntó cómo me veía de acá a unos años.

Lo primero que pasó por mi mente fue ser escritora.

Tal vez si hubiera sido esa mi respuesta hace unos años, para el día de hoy ya lo sería.

Me siento muy cómoda escribiendo, es decir, basicamente este es un borrador para el libro que publicaré el siguiente año, cuando hayan pasado las 365 cartas prometidas.

Hablamos también de los planes que tienen mis padres para mi, que terminan calando mucho en lo que yo quiero para mi.

Se inmiscuyen, se acoplan, se mezclan hasta el punto de perder su color y combinarse con el mío.

Sí, yo me quería ir de Perú hace años, pero ellos se encargaron de reforzar la idea a tope.

Yo fui feliz en el valle, no permitiré que ese tiempo que viví ahí se vea opacado por los últimos meses y lo mucho que querían todos sacarme de ahí.


Día 71

viernes 17

Estoy durmiendo más, y ya no tomo pastillas antialérgicas para provocarme ese efecto de somnolencia.

Ni esas pastillas ni ninguna otra.

Probé el otro día melatonina y fue lo mismo que no haberla tomado.

Dormí por la tarde y luego no podía dormir por la noche.

¿Recuerdas cuando te pasaba eso?

Odiabas dormir por la tarde, y yo dormía angustiada sabiendo que no ibas a dormir bien.

Me quedé despierta hasta las 3 de la mañana, vi una película buenaza en una cuenta que ni siquiera sabía que pagaba y que recién estoy aprovechando antes que se acabe el mes, salí a fumar un cigarrito y el Emma salió detrás mío.

El cielo estaba increíble y se veía perfecto la constelación del escorpión.

Esa que veíamos en nuestra casita de Yucay, acá hay que esperarla a las 3 de la mañana.

La hora del diablo.

La extraño, le dije al Emma sin botar ni media lágrima.

Extraño nuestra vida juntas.

Extraño ver el cielo juntas, la luna en todas sus fases, las estrellas, las nubes, el sol ocultarse o salir.

Extraño a mi amiga, mi compañera, mi novia.

Es raro estar sin ti y sentir tu ausencia tan fuerte después de tantos meses.

¿Alguna vez se irá este anhelo de estar juntas otra vez?

¿Volveremos a coincidir en esa vida?¿o tendremos que esperar a la siguiente?


Día 72

sábado 18

Mi mamá me preguntó por Ritz, que está en mi velador, asi como estuvo en mi ventana en mi cuarto de la casa de playa de Tacna.

Primero le dije que era mi peluchito favorito.

La conversación pudo quedar ahí pero me sentí rara y continué.

Se llama Ritz le dije, me lo regaló la Jey cuando fuimos un día a la feria de Yucay.

Ganamos unas Ritz y luego un sapito.

Mi madre no dijo nada y luego, al poco rato, dijo

Pareciera que no quieres soltarla.

Esa frase vino acompañada de todo un sermón sobre porque ya no debíamos estar juntas y lo nociva que resultabas para mi, de acuerdo a su perspectiva de las cosas.

Ella no te conoció como yo te conocí y se quedaron con el dolor que pasé después de nuestra ruptura.

Me molesta que haya sido de esa forma.

Paso el día repasando cada día que tuvimos juntas, cada instante, cada decisión, cada sí y cada no.

Tal vez es cierto, hablo de soltarte pero no te quiero soltar.

Puedo pero no quiero.

Estoy frustrada, pensando que irme del país va a hacer que finalmente logre mi cometido, pero que tal si no?

Australia no debe ser mi punto de huida, debe ser como un nuevo comienzo, combinado de un deseo que está en pausa por años.

Junio es mañana pero algo importante ha cambiado: ya no lloro al escribirte.


Dia 73

domingo 19

Cada que pasan gaviotas o pelícanos sobre mi cabeza pienso que estás en uno de ellos observándome, cuidándome.

Me recuerda a cuando fuimos a Paucartambo y de regreso paramos en unas ruinas porque mientras manejaba viste un águila o halcón y gritaste muy fuerte tu asombro.

Te asombrabas de esas pequeñas cosas de la vida, eso me encantaba de ti.

La gente ya no se asombra con lo simple.

Ya ni el mar turquesa a unos pasos frente a la casa asombra a mi abuela.

El mar esta cochino, dice.

Hay mucha basurita en la playa, dice.

Cuando no se da cuenta del paraíso en el que se encuentra y lo afortunada que es en comparación del resto del mundo.

Mi madre dice que tengo problemas con el dinero y le digo que si, que tal vez los tengo, que me siento culpable de tener privilegios.

Los disfruto, pero hay migajas de culpabilidad esparcidas en cada lugar privilegiado que habito.

Mi madre dice que si no suelto esa culpa no ganaré dinero y no viviré con todas las comodidades.

Tal vez es cierto, pero no se necesita mucho para vivir.

El tema es que no me siento tan capaz de trabajar en algo que me pague dignamente.

¿Tiene sentido?¿será baja autoestima?¿qué me pasó?

Hoy dormí mucho después del desayuno.

Me puse a leer ese libro que traje de Santiago de Compostela y que a veces leía en Yucay, cuando las cosas estaban tensas entre nosotras, y me dio mucho sueño.

No creo que sea un mal libro, sino que mi sueño se está regulando.

Está bien dormir, ayuda a que todo el cuerpo se estabilice.

Claro que está bien dormir, pero parece que si duermes de más es depresión, y si duermes menos es ansiedad.

¿Cómo se puede dormir la cantidad exacta?

No se puede complacer a todos.


Día 74

lunes 20

Viajé a Lima a resolver unos papeles que me pedían de la embajada de Australia.

Eso me pasa por confiarme y pensar que su respuesta tardaría 1 mes, cuando en realidad tardó menos de 1 día.

Eso también me pasa por no investigar a detalle y saber que la respuesta, cuando faltan ciertos documentos, es corta.

Eso sale en su web, pero no me di la molestia de entra a todos los links y hacer todas las consultas.

Quizá ese es el motivo por el que nunca llegué a agarrar la visa a Nueva Zelanda.

Me pasan cosas.

¿Me pasan cosas o dejo que me pasen cosas?

Llegué tarde a casa, me peleé dos veces con mi hermana de alguna estupidez y comunicación paupérrima, y luego comimos makis y vimos una serie en paz.

En aparente paz.

Mi cuarto/depósito sigue igual: un caos.


Día 75

martes 21

Día de trámites y moverme por Lima, siempre llegando a las justas a todo lugar.

Es raro estar acá sin el Emma.

Es raro estar acá en general.

En el intermedio de los trámites visité a Fer de sorpresa y por la noche vinieron a visitarme con Renzo y Gonzalo.

Nuevamente tuve una pelea con Da, esta vez un poco más seria.

Le recalqué que esa ya no era mi casa, que yo estaba de visita (justo a raíz que Fer me dijo que no me angustiara, que estaba de visita)

Tomo un comentario que me resuena y le saco hasta los impuestos.

Muchas veces sin realmente creer en él, solo porque me parece correcto.

Es confuso no tener opiniones claras ni de mí ni de mi vida.

Siento que me tomé muy a pecho lo de «dejar fluir y que la vida venga como venga».

Un poco de llanto, le pedí perdón, y solucionamos la pelea.

Al final me convenció de cambiar mi pasaje y quedarme un par de días más.

Estoy cansada de pelear con ella, estoy segura que llevaremos la fiesta en paz.


Día 76

miércoles 22

Ayer, después de hablarlo y darle muchas vueltas al asunto, decidí hacerte llegar un mensaje.

Necesito el dinero que me debes.

Si espero a que me llegue la visa va a ser más difícil recuperar de alguna forma ese préstamo.

Mi mensaje inicial iba más como «no quiero involucrarme emocionalmente contigo por eso te hago llegar este mensaje a través de una amiga».

Luego Fernanda arregló el mensaje y lo hizo más formal y «al grano», es decir, le quitó el sentimiento de nostalgia y arrepentimiento que aún siento por ti.

¿Arrepentimiento por cobrarte? No.

Es más un arrepentimiento por prestarte la plata sabiendo que no tenías trabajo fijo y sabiendo también que le debías una cantidad considerable a Caja Cusco.

(esto quizá lo saque cuando publique el libro, ahora solo es vómito verbal que tengo después de haber llorado y que wordpress no haya guardado lo que escribí con tanto amor)

Sin embargo el pensamiento sigue ahí, escarbando en mis ganas de echarle tierrita y seguir con mi vida.

Creo que es lo que debemos hacer, es lo correcto.

Cuando una persona presta dinero, este debe ser devuelto.

Debe haber un acuerdo entre ambas partes (cosa que nunca tuvimos) y se deben establecer plazos de pago, para que la persona que prestó se sienta tranquila en que su dinero, entregado con toda confianza, le sea devuelto.

Ha pasado más de un año.

Tuvimos una relación hermosa que luego se complicó.

Y aquí nos encontramos, yo enviándote un mensaje a través de una amiga porque me duele hablarte.

No solo me duele, me genera mucha ansiedad.

No sé cual será tu respuesta, tengo un poco de miedo y espero todo se pueda resolver de la mejor manera.


Día 77

jueves 23

Desperté con la noticia que le habías respondido a Simo con el siguiente mensaje:

«Te agradezco que me trasmitas el mensaje, yo hablaré con ella, gracias.»

Gracias a ti Jey, por zurrarte en lo que te puse en mi texto:

«para respetar el espacio y contacto cero que ambas acordaron tener».

Estuve angustiada todo el día, revisando mi celular cada 5 minutos a ver si ya me habías escrito.

He entrado a la conversación, he observado cómo nuestra forma de dirigirnos cambió de la noche a la mañana, he revisado nuestras fotos, he sentido un nudo en la garganta que me está impidiendo respirar con tranquilidad.

El mismo que siento desde el 22 de septiembre del 2023.

Mentira.

Es probable, aunque no lo admita ahora, que lo empecé a sentir desde mucho antes.

Desde el fatídico día 8 del camino en Santo Domingo de la Calzada, o quizá desde el día -2 mientras tomaba el tren a Pamplona.

O quizá desde el día -200 cuando algo te jodió, no me lo dijiste y me fui angustiada a Cusco pensando qué había hecho mal.

Parece que la angustia siempre estuvo ahí.

Ahora ha vuelto con tu mensaje.

Incluso me invade la posibilidad que le hayas escrito eso y que nunca me llegues a escribir.

Existe esa posibilidad porque siento que ya dejé de conocerte.

Ahora eres otra persona, no la que conocí en el 2021.

Ahora eres una Jey mucho más golpeada por la vida.

Perdiste a tu perro, a tu novia y a tu combi en un año.

Claro que eres otra persona.

Intento retroceder y pensar cómo hubieran sido mejor las cosas, pero no hay respuesta, no fue el camino, nosotras igual íbamos a terminar.

Ayer le escribí a Simo esto:

«aun me duele, la extraño, extraño tenerla en mi vida, cagarnos de risa, cocinar, dormir juntas, limpiar la casa, salir a caminar, mirar la luna, fumarnos un porrito, irnos de paseo y tomarnos una chela en algún pueblito lejano y místico, extraño mi vida con ella, pero luego, luego recuerdo que lloraba mucho los últimos meses, y cuando una llora mucho, algo no está bien.»

Gracias por haber estado en mi vida y yo en la tuya, es tiempo de limar asperezas y no dejar que nada nos ate por algún motivo.

Es tiempo que asumas, amor mío, lo que debiste asumir por respeto hace tiempo.


Día 78

viernes 24

Hubo diluvio en el norte, perdí mi vuelo y me encontré fumando afuera del aeropuerto.

Me prometí dejar de fumar.

Pero encuentro en la nicotina un remedo de alivio que no encuentro en nada más.

Es una curita desagradable y de mal olor.

Luego, después de reprogramar mi vuelo para hoy por la tarde/noche y decidir quedarme en el aeropuerto por flojera y falta de ganas de gastar dinero en más taxis, tuve una pequeña crisis en el 4d del segundo piso.

Los mozos me miraban incómodos.

Es incómodo ver llorar a alguien y no poder hacer mucho al respecto.

Uno de ellos se acercó, no lo miré a los ojos porque estaba hecha un desastre, y luego se fue sin obtener nada más de mi que un simple «estoy bien, gracias.»

Lo intentó y esa es la respuesta que tuvo.

No es que llore por algo en específico, es solo lo de siempre: tristeza generalizada.

Sigo sin tener una respuesta tuya, y estoy pensando ponerle peso a mi tranquilidad y salud mental, es decir, echarle tierrita al asunto.


Día 79

sábado 25

Vi la luna a través de la ventana del avión, la acompañaba venus, o jupiter, o neptuno.

Hablamos de los planetas como si fueran amigos cercanos.

¿Cómo vivirán los astrónomos? Seguro sus vivas son mucho más interesantes que la mía.

Yo ando perdiendo vuelos, perdiendo amores y perdiendo plata también.

Carlita me recogió de la casa de su amiga donde pasé la noche, pero antes que lo hiciera tuve una conversación muy interesante sobre el TDAH, el estado emocional y como se vincula también con la tiroides.

Estoy cansada de mi tiroides, del TDAH y de mis emociones descarriadas que no encuentran su sitio.

Me gustaría dejar de sentir.

Así de simple y así de sencillo, como dirías tu con ese tono de voz que tanto te caracteriza.

Me gustaría convertirme en una hoja en blanco y escribir con otra letra todo lo que sucede de aquí en adelante.

Pero no se puede.


Día 80

domingo 26

No tengo respuesta tuya y no creo que la tenga hoy, es domingo.

Me gustaban mucho nuestros domingos.

No hacíamos nada, y eso bastaba para pasarlo bien.

Los domingos disponíamos totalmente del tiempo.

Los domingos nos amábamos y nos sosteníamos muy fuerte.

Te extraño.

Ya no quiero tener que hablarte solo para cobrarte.

Ya no siento cólera aunque te estés burlando de mi con tu silencio.

Ya no siento amor tampoco, al menos no ese amor que me tenía atada a ti de pies a cabeza.

No ese que no aceptaba opiniones contrarias a la percepción cegada que tenía de ti.

Otra vez domingo.

Las semanas se me pasan tan rápido como al pasar las hojas de un libro que no me emociona leer.

Los días se mezclan entre sí y cada vez se parecen más entre ellos.

A este punto es inevitable admitir que voy a cargar con esta tristeza corpulenta que no parece soltarme, el truco va a estar en aprender tener más días buenos que malos.

Paciencia, paciencia, solo van 80 de 365.

Queda camino aún, y va cuesta arriba.


Día 81

lunes 27

Me levanto con muchas ganas de dejar de sentirme burlada por tu silencio intencional y bien pensado, y te escribo un mensaje.

Un mensaje cordial que no busca incomodarte si no hablar no menos de 3 minutos para aclarar cosas que quedaron sin resolver.

Un mensaje que bien podría ser de una desconocida que alguna vez se cruzó contigo en la calle, o del banco.

Lo escribo, lo leo un par de veces y lo envío.

Dejo la conversación archivada, de la forma que está intermitentemente desde setiembre del año pasado.

Quizás octubre.

La angustia me destripa las tripas durante el día, entro al chat, salgo del chat y repito la inútil acción de sentirme nuevamente vulnerable ante tu falta de respuesta.

Salgo a caminar, me comprometo a ponerme en forma y hacer dieta.

Seguro desisto a mitad de semana.

Ayer me tomé dos cervezas para no sentir que la tentación está ahí, al alcance de mi brazo extendiéndose y mi mano abriendo la nevera.

Queda una.

Esa está guardada para cuando respondas y mis niveles de ansiedad rebalsen el vaso de 3 gotas que llevo a mi costado.

Un lunes más, nada ha cambiado.


Día 82

martes 28

Colmada un poco más de este empoderamiento ridículo decido llamarte.

Llamarte y acabar con nuestras penas.

Hablo de la situación con mis amigas y hoy, sorpresivamente, me ha escrito un amigo desde España para saber cómo estoy.

Él era partidario de cobrarte hasta el último sol que gasté en nombre del amor y con el único propósito de pasar un buen rato y tener un bonito recuerdo ahí jodiéndome la cabeza para cuando ya no estemos juntas.

Entonces me presiona, y dejo que me presione.

Llámala y luego me llamas a contarme qué te dice, me dice y cuelga.

Y me quedo en ese espacio entre hacer lo que me dicen y hacer lo que yo quiera hacer.

La idea de hablar contigo me removía el estómago, pero, no te voy a mentir, también me causaba un poco de emoción.

Emoción combinada con fatiga.

Exaltación y puro caos.

Era terrible, y todo estaba pasando en mi cabeza, afuera las olas seguían bailando con el viento y los bichitos seguían buscando piel humana para alimentarse.

Y en ese escenario lúgubre te llamo.

Suena, suena y no contestas.

Y no insisto, claro, eso sería solo para incrementar tu burla, o tu enojo.

Estás enojada conmigo seguro, y yo contigo, y todo esto carece de sentido finalmente.

Mi celular se muere por falta de batería y lo dejo ahí, reposar en la mesita de la sala, y ese reposo es tu silencio duplicado.

Mejor así, hoy dormiré tranquila.


Día 83

miércoles 29

Me levanto con la sensación que han pasado muchos años.

Salgo a fumar, algo que dije que dejaría de hacer cuando el año recién inició y que rompí la promesa ese mismo día en un parque hablando con mi ex de adolescencia y ahora buen amigo del amor, la convivencia y las promesas a largo plazo.

Es un terrible hábito y no parece querer deshabitar mi cuerpo y mi mente.

No necesito fumar, y tampoco es que me guste, a la tercera pitada ya estoy queriendo que se acabe.

Pero es una buena excusa para salir de mi habitación en la mañana, y que los bichitos me sigan picoteando las piernas, y que Emmanuel sonría un rato con la brisa del mar.

Estoy a segundos de escribirle a tu hermana, medida drástica pero importante para dejar de sentirme burlada.

Y entra la llamada de un número desconocido.

Es el banco, pienso, y contesto como una contesta al trabajador del banco que osa llamar antes de las 9 de la mañana. Seca.

Y eres tú.

Es tu voz.

Estás agitada, recuerdo mucho cuando me contestabas agitadas.

Estabas haciendo cosas, y mi llamada entraba, y te desconcertabas, pero no podías evitar contestarme, y hablábamos, y alguna vez me dijiste que no podía llamarte sin previo aviso.

Que mi llamada era muy importante, casi casi como un diamante, muy valiosa.

Después de un rato te quitabas lo agitada y hablábamos por horas, de muchas cosas y a veces de nada, como suelen ser las llamadas significativas.

Tal vez esta vez estabas agitada porque así como yo, daba nervios volver a escucharte.

Nuestra última llamada, en enero, estuvo llena de promesas de amor y ahora nos comunicábamos para saldar una deuda de hace un año.

Nada tiene sentido, ¿no te parece?

Me lanzaste un ¿cómo estás?, tu «cómo estás» de siempre.

Que triste tener que escuchar tu voz cuando ya no somos nada.

Ya no hay nada entre nosotras, solo una estúpida deuda que estaba a punto de olvidar.

¿Por qué te estoy cobrando?

Me repito que es lo más justo, que es lo correcto, que no me sobra la plata (lo cual es tristemente certero).

Fue también presión social, vamos a ser honestas acá, fue tener a gente diciéndome que recupere lo que era mío, que al menos eso me debías, más allá del daño emocional y psicológico del que no me recupero.

Pero, ¿tú me lo causaste o me lo causé yo misma?

¿Ves que sigo culpándome?

La llamada no dura nada, es muy puntual, es casi hasta sacada de un guión de un corto independiente que trata de una ruptura mal elaborada.

La ruptura, no la película.

La película es hermosa, directa, honesta, real.

Nos faltó honestidad, nos faltó de todo, y no tenemos cómo llenar todos esos espacios que dejamos en blanco.

Acepté todo lo que me decías y la llamada terminó con dos «chau» bastante pulcros, el tuyo más que el mío, por supuesto.

Llamo a Ale, necesito registrar lo que acaba de suceder.

Ya pasó la peor parte, pienso.

Semanas pensando en nuestra próxima comunicación y dura menos de 5 minutos. No podía haber sido de otra forma.

Hasta el lunes había mandado un mensaje de voz donde decía que ya no te amaba, que te tenía un cariño enorme que no se me iba a quitar, pero que ya no te amaba.

Qué terrible, esto que nos ha pasado, dejarnos de amar. Parece surreal.


Día 84

jueves 30

Hoy tengo muchas ganas de estar sola.

Sola con mi Emma, mi taza de café y uno o dos cigarros.

Pero no puedo, tengo a mi madre y a mi abuela encima.

Y sé que me arrepentiré de esto cuando este lejos, muy lejos y añore tener la cercanía de mi familia y las noches de juegos de cartas, y los almuerzos riéndonos de alguna tontera diciéndole «acuseta» a mi madre.

Lo voy a extrañar y pensaré que debí aprovechar más el tiempo con ellas.

Pero no, soy una idiota de 15 años que quiere estar sola, que quiere recuperar su independencia.

La casita de Ollantaytambo se me viene mucho al recuerdo.

En esa casita fui feliz, tenía mi salita, mi cocina, mi baño de ducha dudosa y el agua caliente llegaba cuando le daba gana.

Tenía una pizarra enorme donde anotaba todo lo que tenía que hacer en el día, incluido lavar platos y ropa.

Le dejaba la puerta abierta al Emma, salíamos a caminar.

En esa casita también estuviste tú, en esa casita empecé a enamorarme de ti.

En esa casita me despedí de la amistá sin saber que iba a ser la última vez que la viera.

Entonces se me vino todo eso y para la noche, cuando me tocaba mi terapia de todos los viernes, me hice un pañuelo y me puse a llorar.

Y la sensación después de llorar es la que me arropa y me pone a dormir.

Se me juntó tu llamada, tu ausencia, la falta de amor que hay entre nosotras y la palpamos con la yema de nuestros dedos.

Terminé la terapia y bajé a jugar cartas y ser mejor hija y mejor nieta para mi mamá y mi abuela.

Si extraño vivir sola, pero ya habrá momento de hacerlo, este es momento de estar con estas mujeres que tanto me quieren.


Día 85

viernes 31

Qué mañana para más extraña.

Siento miedo.

Regresa a mí el miedo a estar sola.

Sin embargo, tuve una conversación interesante con una amiga y esto es lo que extraje de dicha conversación:

«Soy la prueba viviente que se puede estar sola después de un largo periodo de estar acompañada. Es duro, y lloro, y me bajoneo, pero los días pasan, y se vuelve mas fácil, o así parece. No te voy a mentir, extraño estar con alguien y todo lo bonito que traen las relaciones, pero ayer tuve terapia y me di cuenta que no tengo nada bueno que ofrecerle a nadie ahora, soy un revuelto de emociones y soy muy cambiante, no estoy para zambullirme a otra relación porque es lidiar con los sentimientos de alguien más, cuando lo que necesito es comprender los míos. Entonces mi tiempo de soledad va a estar determinado en cuánto tiempo me toma volver a sentirme bien conmigo misma, a amarme, a soportar mis ciclos de emociones, a comprender qué quiero y a dónde quiero llegar en la vida. Es duro, pero también muy necesario».

Es raro sentirse tan vulnerable después de haber tenido días de bastante seguridad y toma de acciones.

Se me empañan los ojos y me levanto a hacerme más café, se enfría, caliento la taza y sin darme cuenta ya son las 2 de la tarde.

Unas horas más y el sol se esconderá