Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Cómo dejar de ser un trapo mojado

Recuerdo cuando anduve muy triste.

Me paseaba por la oficina como un trapo mojado.

Llena de lagrimas contenidas, porque bueno, casi todos son hombres en este lugar.

Necesitaba un hombro femenino.

No es sexista, es la realidad.

Entonces si, es momento de admitir que todos tenemos días tristes.

Días grises, parcialmente negros no todo puede estar TAN mal en realidad.

Donde cualquier lugar se presenta oportuno para llorar, mientras te esfuerzas en recordar hasta lo más mundano y vas trayendo las memorias a la mesa, y te las comes sin disfrutar.

Esos días acá, entre testosterona y aire acondicionado, me dedique a comerme la tristeza.

Ocasionalmente iba al baño a revisar mis ojos, mi nariz.

Para luego salir con una gran sonrisa, falsa y débil.

Recuerdo verme mucho en el espejo. Ver mi forma de mirar, nuevamente, triste.

Si, fui un trapo mojado un tiempo regular que parecía eterno.

Pero no podía permitirme ahogarme.

No por un corazón roto.

No por alguien que ya ni está.

No, porque no.

Entonces me puse un tiempo de luto por así decirlo.

Un tiempo determinado para aceptar que estaba triste.

Y llegada la fecha límite, no, no acabo todo.

Nada sucede tan fácilmente,

Pero si empecé a dejar ir, a soltar, a aceptar verdades y mentiras.

Primero con rencor.

Primero con mucho dolor.

Es un proceso largo y tedioso por el que todos hemos pasado y pasaremos,

Lo bueno del asunto, es que PASA.

Dejas de estar triste y tu energía cambia.

Transmites otro tipo de amor, de paz, de alegría contigo y con el mundo.

Miras hacía atrás, y lo recuerdas con orgullo.

Porque fuiste fuerte y respetaste el tiempo de luto.

Y luego, sigues soltando, sigues dejando ir con agradecimiento.