Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Cómo bajar 5 kilos en 2 semanas

– ¿Dieta? – me preguntó

– Nos miramos en complicidad.

Él sabía perfectamente que yo no era una persona de dietas, y yo sabía perfectamente que él me miraría de pies a cabeza y sabría si estaba haciendo o no dieta.

– No – respondí – sucede que… he dejado de comer

– ¿Por qué? – preguntó

– Porque estoy triste – respondí, intentando sacar mi mejor sonrisa a modo de reírme de mí misma y mis muy estúpidas decisiones.

Me miró conteniendo la risa por un momento, y luego solo explotó a carcajadas.

Todo bien, me reí con él.

– ¿De qué estás triste? – preguntó – Si se puede saber

– Mi novio me terminó – respondí

Volvimos a reír.

Claro, si observas la situación desde una mirada ajena, todo resulta ser  muy chistoso.

«La triste y patética historia de una chica que va a su doctor que le regula el peso de acuerdo a un temita con la tiroides después de casi 6 meses y le dice que dejó de comer porque le terminó su novio»

No tiene mucho sentido, en absoluto.

– No puedes dejar de comer solo porque estas triste – me dijo

– Si puedo – respondí

– Claramente – continuó – ¿pero dejar de quererte, y castigar a tu cuerpo, no aumenta más la tristeza?

Técnicamente, la razón por la que sigo visitándote es para bajar de peso, y ahora que lo hago, ¿te parece que significa que me dejé de querer? – pensé

– Se me han ido las ganas – contesté – no le veo el punto, no me sabe a nada la comida, y bueno, también es parte de un capricho, una protesta silenciosa con muchas comas y pocos puntos.

– Levántate – dijo – vamos a pesarte.

Y el peso siempre había sido mi punto de quiebre, entre estar cómodamente sentada en la silla frente a él y luego pararme y enfrentar lo que sea que la balanza tenga que decirme.

Pero esta ves no estaba ansiosa, ni emocionada. Me encontraba en un punto donde no me sentía ni bien ni mal, solo existía, dentro de lo bueno y malo que estuviera sucediendo a mi alrededor.

Con ese doctor me llevo súper bien.Todas nuestras conversaciones siempre se tiñen de sarcasmo y poco a poco voy soltando cosas mías personales, que no suelo contarle así de fácil a alguien.

– Oye y, ¿Cuanto estoy pesando? – pregunté

– Estás en 54 – respondió, a su vez sorprendido

– Mierda – dije – he bajado entre 5 a 6 kilos en dos semanas

– Mierda – respondió – Tienes que comer niña

– No quiero – respondí – fin de la historia

¿Cuán tonta podría ser al no querer comer?

Entre muchos motivos que existen para responder esa pregunta resalto 2:

  1. Si ya me hicieron daño, y estoy pasándola mal por ello, ¿porque hacerme daño yo a mí misma, y pasarla el doble de mal?
  2. Hay tantas personas en el mundo que quisieran comer en este momento y yo estoy acá sentada pensando o intentando convencerme que no quiero porque no tengo ganas

Subí esos kilos perdidos unas semanas después de lo contado, gracias a una serie de acontecimientos desafortunados que no solo me levantaron de ese estado de trapito al que suelo ir de tanto en tanto, sino que me exprimieron y me pararon frente a personas y situaciones con la cabeza fría me hubiera gustado que fuera más fría y asumiera mi vida y lo que estaba sucediendo.

Pero quiero llegar a lo que realmente importa.

¿Porqué nos importa tanto subir o bajar de peso? Más allá de los criterios estéticos convencionales. ¿Cuál es el gran afán con el mundo de pesar o lucir de cierta forma y no de otra?

Y por otro lado…

¿Porqué nos encanta sufrir y vivir intensamente el desgaste emocional que las separaciones suponen?

La vida sigue, tómala de la mano y camina con ella.