Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Enero, parte dos


Día 362

lunes 1

Este libro que aún no es libro va llegando a su fin y ahora puedo comprobar (mis sospechas eran justificadas) que en algún momento me equivoqué al contar los días.

Era de esperarse.

Estoy en Toulouse, Francia, a miles de kilómetros de lo que alguna vez fue mi vida y mi hogar.

Empiezo el año lejos pero con mi familia.

¿Lejos de qué realmente?¿Acaso Australia no es mi casa?

He tenido este pensamiento ya hace unos días… qué tal si mi hogar realmente depende de la persona con la que esté, entonces ahora, que finalmente estoy conmigo misma, todo se siente tan inestable por mi eterna indecisión existencial.

Entro al año con muchas interrogantes.

Intento decirme que todo está bien, que todo va a estar muy bien, pero tengo los ojos a punto de estallar.

Estoy bien.

Estoy fluyendo.

Eso haré este año, fluir.

Fluir con lo que se presente, fluir con lo que quiero y no quiero hacer.

Pasadas las doce, decidí bloquearte. Aceptar que nunca me terminarás de pagar y que no tengo que estar persiguiéndote dos años más por un dinero que ya se devaluó.

Supongo que la vida te lo devolverá de alguna forma.

Te lo digo sin desearte el mal.

Entro a este año con mucha paz en mi corazón.

Hoy empieza el regreso a mi centro.

Y sobre estas ganas fuertes de llorar, quizá solo es la regla llegando. Y por favor que llegue, no deseo tener una bendición de un italiano que debió quedarse como un recuerdo de octubre.


Día 363

martes 2

Salimos para Grecia desde temprano.

De Grecia no me acuerdo mucho, pero entre lo más importante está que ahí perdí mi pasaporte, bueno, me lo robaron, y que la peor foto que puedo tener en mi registro fue tomada ahí en la embajada de perú en grecia, donde no solo había perdido varios vuelos de regreso a casa, si no que mi novio de turno me había terminado por mensaje de texto.

Clásico.

En ese momento no lo sabía, pero los desamores serían mi mayor antagonista a lo largo de mi vida.

Estar acá también me recordaba a algo sustancial (si, se me ha pegado la palabra) y es que trabajé en un restaurante griego hace no mucho. No fue mi mejor experiencia pero algo había aprendido y quería probarme a mi misma que no trabajé ahí para llegar a atenas y no poder pedirme una comida de manera correcta.

Probé mi punto, si podía.

Nos quedamos en Atenas, el depa era hermoso, estoy intentando seguir mi ayuno, como pueda porque no voy a dejar el vino, vamos, así nomás una no viaja a grecia.

He dejado de fumar y eso se debe principalmente a que perdi mi papel en año nuevo y no creo que encuentre el mismo acá. Eso y bueno, que estaba fumando bastante.


Día 364

miércoles 3

Qué bonita Grecia, hasta me dio ganas de volver a trabajar en Nikos regresando a Australia.

Nikos era mi relación tóxica, en lo que a trabajo concierne.

Mientras estaba ahí me quejaba y sufría pero a la vez me gustaba y no me quería ir. Tuvo que suceder Saudi para que finalmente lo dejara, con la promesa de volver, pasados 5 días me despidieron sin decirme que me despedían y luego nunca más supe de ellos, hasta quise ponerme en contacto y nada.

Nikos eres tú.

Lo siento, pero es que es así.

Caminamos por las callecitas, hicimos un tour lindo con un chico que parecía Jesus y que estaba a punto de mudarse a Egipto porque en Grecia ya había cumplido su tiempo.

Esa gente no? Que cumple tiempos no definidos en ciertos lugares. Esa gente que va flotanto, toca tierra por momentos y luego sigue flotando. Es lo inevitable. Hay gente así y no está mal. Hasta creo que soy una de esas personas, por como he vivido los últimos años.

Creo que el lugar donde más me sentí en tierra fue esos breves meses en nuestra casita de Ayllupampa. Nunca olvidaré esa casita.

Queríamos ir a ese bar al que 8 años atrás fui con estas chicas que conocí por unos días y luego nunca volvimos a coincidir en la vida más que un poco en redes sociales.

Pero había mucho cansancio de por medio, al parecer.


Día 365

jueves 4

Y efectivamente, la regla llegó y me convencí firmemente que ahí estaban mis ganas de llorar, y no por otros factores sustanciales que probablemente tengan más sentido, como la incertidumbre y esta pesadez de estar, o mejor dicho, tan ridículamente sola rodeada de gente que me ama.

La regla llegó justo cuando empezaba a crearme historias sobre la hija que tendría con el italiano.

Iba un poco así:

Yo llegaba a Melbourne, lo llamaba, quedábamos, tirábamos hermoso y teníamos uno de esos días donde nadie quiere salir de la cama porque no hay nada que hacer y dormir abrazados parece ser la mejor opción, más que enfrentar el mundo allá afuera.

Entonces, yo me acercaría y le daría la noticia. Su rostro cambiaría pero sería muy amable y dejaría la decisión en mis manos, por supuesto. Yo le diría que no quisiera tenerlo si es que voy a estar sola, lo cual invita a una cosa, pero esa tampoco es la manera de estar con alguien. Me diría para intentarlo y eso haríamos. Nos enamoraríamos perdidamente, por supuesto, todo esto en mi imaginario que aún anhela encontrar una gran historia de amor que no termine en depresión y en huir de un lugar solo por no poder soportar en el mismo sitio sin estar con esa persona.

En fin, yo perdería a mi hija, me deprimiría, me ofrecerían un gran trabajo al otro lado del mundo, me iría, él me pediría que me quede, que me ama y yo le diría que me diera un tiempo. Al regresar me pediría para casarnos y fin.

Gran historia.

Un poco trágica y sin sentido porque no me lo imagino haciendo todos esos esfuerzos por alguien de quien se tuvo que enamorar un poco obligado porque había un embarazo no planificado de por medio.

Y entra la duda, seré madre? O quedaré totalmente baneada del asunto por haber abortado hace ya unos años?


Día 366

viernes 5

Partimos de roadtrip para conocer un poquito más de la Grecia que no está en las islas pero es igual de hermosa.

Consiguieron una van y empecé a congeniar más con Tiago, quien es ahora ya un adolescente. Espera, eso fue ayer, pero se entiende mi punto.

Venimos saltando de pueblito en pueblito estos días, y es todo muy bonito y tranquilo. Estoy cumpliendo mi dieta + ayuno intermitente, sin embargo, no parezco desinflarme en lo absoluto. Será acaso que por mi edad ya no puedo bajar de peso?

Debo dejar de darle tanta importancia, ahí es donde encontraré la respuesta a todos mis problemas.

Venimos conociendo varios pueblitos, unos más bonitos que otros.

Hay mucha historia en este país, que pena que sea tan pobre.


Día 367

sábado 6

Esta historia terminó, no existe. Lo que construimos un día se ha esfumado.

Se acabó y me sobraron 2 días. Seguro el error se dio en los últimos meses donde ya no me provocaba escribirte ni seguir a detalle el recuento de las fechas.

Esta es la última carta que te escribo, pero ya no siento que este libro sea para ti, o que quiera dedicártelo. Te he soltado hace muchas lunas, incluso, dejé de contarlas porque sabía que ya no la compartíamos, que ya no la mirábamos al mismo tiempo a millones de distancia.

Estuve pensando por momentos durante el dìa qué escribirte, o que escribir, para el cierre de este libro que aún no empiezo a escribir de verdad.

Y empezó a llover.

Todos habían terminado de comer, y yo había terminado mi vino. Mi hermana vio el cielo iluminarse un par de veces y en eso cayó la lluvia. Pero no cualquier lluvia, sino esa que llora y se limpia de sí misma.

Y ahí supe que quría recordar esa vez que bailamos bajo la lluvia.

Estábamos en casa, ya habíamos terminado y dormíamos por las noches con mucho dolor, pero aún bien abrazadas, sin poder soltarnos.

Por esas noches yo te miraba mucho, me preguntabas por qué te miraba tanto y te decía que quería guardar muy a detalle el recuerdo de ti. Y si, antes de despedirnos yo ya me estaba despidiendo. Porque sabia perfectamente que ese amor tóxico que sosteníamos cada día nos iba a ganar en peso y volumen.

Y una de esas noches, en las que peleabamos y luego hacíamos el amor de una manera que solo los que han amado con locura conocen, el cielo se quebró y empezó a llover como nunca antes ha llovido en la historia de la humanidad.

Y subimos las escaleras corriendo solo para mirar la lluvia mas de cerca. Te sacaste los zapatos, me diste un beso muy corto, comparado con los que solías darme, y saliste a la lluvia a bailar con ella.

Te mire y después de pensarlo un par de veces, te seguí.

Y bailamos ahí, en nuestra terraza que nunca sería más que material de construccion, tierra y tiras largas de metal.

Por algún motivo no hacía frío, ni calor, no hacía nada. Solo lluvia cayendo a cántaros sobre nuestras cabezas.

Nos besamos muy fuerte y nos juramos amor eterno. Y en ese momento fue verdad todo ese amor que expulsábamos hacia la otra de nuestros cuerpos.

Y así prometo recordarte.

Con esa locura que solo nos llevó a ponernos bajo la lluvia para recibir todo lo que las montañas tenían, en ese entonces, para nosotras.

Y podría terminar este libro diciendo que nunca más pensaré en ti de esta manera, y que este es finalmente el cierre que tanto buscaba mientras te buscaba una y otra vez para jodernos la vida.

Pero se que no es verdad, que te pensaré cada que algun intento de algo con alguien no me funcione, que te pensaré cada que recuerde el amor mas loco e intenso que tuve, que te pensaré si es que me animo alguna vez a estar con una chica, que te pensaré a veces hasta sin motivo alguno, simple y llanamente porque fuiste parte importante de mi vida y eso, examente lo que vivimos tu y yo, no nos lo va a quitar nadie.

Te deje de pensar con amor hace muchas lunas, y te deje de escribir quizá mucho antes, pero te llevo siempre conmigo, siempre estas ahí, en el limbo que habita en mi corazón entre lo más doloroso y lo más bonito que me he permitido sentir hacia alguien.

No sé si lo he escrito antes, pero estoy segura, que nunca encontraré en nadie lo que viví contigo. Y no lo quiero. Quiero recordarte así: irrepetible solo como tu sabes serlo.

Fin.