Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Día 4

Sí, ayer tuve un día dedicado al fracaso.

No solo no practiqué mi sadhana, algo que debo empezar a hacer lo más pronto posible si quiero perfeccionar mi práctica y de paso dejar de sudar tanto, sino que también, en tema de chamba audiovisual, falle como directora seudo de foto al no tener idea de como iluminar un salón de yoga con tres luces.

Si, luego descubrí que la cosa no era tan difícil y que solo hacía falta subir más las luces LED para no crear sombra en la pared, pero estaba tan cansada física y psicológicamente lidiar con dos trabajos, un profesorado y falta de sueño, además de cargar equipos y manejar MUCHO por lima que no había espacio en mi cabeza, o en mi disposición, para hacer las cosas decentemente respetables, en términos audiovisuales.

Pero decidí que hoy sería un mejor día, hoy se cerrarían varias cosas, incluido este segundo trabajo.

Y entonces pasó lo que tanto temía que pasara: mi cuerpo empezó a pedirme lactosa.

De pronto tuve unas ganas incontrolables de lactosa, claro, si había estado acostumbrada a comer por lo menos una tajada de queso al día, y pasar bruscamente a no ingerir ningún tipo de lácteo, era un poco obvio que tendría esa necesidad

Solución:

Salí a paso apurado a comprarme algo con leche de soya al Starbucks de la esquina.

He de admitir que hace muchísimo tiempo había dejado de comprar ahí porque me parecía ridículamente caro, y sobrevalorado, pero la ocasión lo merecía.

Me di un poco de amor después de tantos días con un mal dormir, y una mala alimentación de paso.

Resultado:

Va a pasar otro buen tiempo hasta que vuelva a comprar algo de ahí, no porque no me guste, sino porque si le llego a agarrar gusto a eso de «darme amor» me quedaré algo bastante pobre.

Sadhana:

No hubo oportunidad. Es decir, pude haberla tenido, porque puse mi alarma y todo, pero opté por escuchar a mi cuerpo y mantener mi espalda en la cama.

Se que si empiezo mi práctica y le doy un tiempo regular de constancia, mi cuerpo no me pedirá quedarme en la cama, pero veamos como va evolucionando la cosa.

Alimentación:

Cené uvas.

Comí una muy variada cantidad de frutos secos, no debo abusar de ellos de todas formas.

Mi madre llegó finalmente de Arequipa, y no pude evitar abrir el refrigerador en busca de una saltea y darle un merecido mordisco. Ups.