Tenía los brazos completa e inhumanamente adoloridos.
Si, descubrí que mis clases de power yoga con Eduardo o Julia, o hasta belén, eran NADA a comparación de repetidas secuencias de apertura y saludos al sol.
Estaba realmente cansada, pero no, no solo por el fin de semana intenso que tuve, sino por la chamba que tuve que hacer después del entrenamiento, chamba que estaba pagando el entrenamiento, en realidad.
Entonces todo se sentía un dar para recibir, y viceversa, pero no sabía si realmente valía la pena.
El pensamiento me duró muy poco, porque en realidad, no era realmente yo hablando, sino mi cansando, mis pocas ganas de continuar con esto por dos meses, y recién estaba comenzando.
Pero no tenía porqué sufrir.
Había tomado una gran decisión en mi vida, y finalmente, le estaba dando cierto sentido, anunció cuando parecía que todo se mantendría plano por un buen tiempo.
Igual no me sorprende, viniendo de mi, es casi 100% probable que siempre busque estar ocupada, solo debo saber diferenciar y separar entre querer mantenerme ocupada y útil por así decirlo que sobreexigirme.
Hoy no pude hacer mi sadhana por ejemplo, ni tampoco las muchas tareas que tengo para esos primeros dos días, no he podido abrir mi libro , ni mucho menos pasar mis apuntes a un cuaderno más bonito.
Siento que hace mucho tiempo no tengo «tarea», solo chamba y más chamba, pero es adorable, de cierta forma.
¿Sobre mi alimentación?
Bueno, recorde que mi madre me había cocinado muchos tipos de menestras, los había puesto en tapers y los había puesto a congelar.
Solución:
Traerme uno de esos tapers a la oficina, es decir, comer menestras por 5 días seguidos.
Claramente no era el mejor plan, pero, a falta de tiempo, menestra congelada.
Logros:
Ninguno, excepto, mantenerme vegana.