Si bien ayer llegué a mi casa cual bulto, y caí a la cama como bodoque, no olvidé poner 30 alarmas para asegurarme de despertarme con tiempo y salir con calma.
Claramente, fallé.
Me desperte cerca de las 5 y algo de la mañana, pero al ver la hora, mi cuerpo de dio una cachetada mental y me dijo: DUERME PINCHE MASOQUISTA
Entonces me volví a despertar a las 6 y 57am y sucedió lo mismo que el día anterior.
Reaccioné al minuto y salí como pude. Volé por Javier Prado y milagrosamente llegue 5 minutos antes que empezará la clase.
Nota mental:
No tomar nunca más clonazepam antes de, bueno, nada importante que deba hacer en la mañana.
No, no soy adicta ni dependiente a las clonas, de hecho, ya iban varios meses que no me asomaba por ese rinconcito de mi cuarto de placeres culpables, pero sentida que si no me dopaba, por más cansada que esté, no iba a poder dormir plenamente, y bueno, mis relajantes musculares de los que si dependo en ocasiones ya se me habían acabado.
Este día si fue mil veces más intenso, empezando que solo tuvimos 2 breaks entre las 7 y 30am y las 3pm, pero, aunque parezca imposible pensar que no va a haber un momento de colapso durante tantas horas seguidas de solo yoga, no me saturé en lo más mínimo, solo estaba concentrada en mejorar y mejorar mi práctica.
Hubo un momento, sin embargo, donde experimenté ese miedo del que ya he hablado o al menos mencionado: no me pude conectar lo suficiente en la meditación.
Me molestaba mucho la espalda, mi mente divagaba entre lo que tenía que hacer más tarde en la noche, y el cereal que tenía que comprarme en vivanda.
Yo ya había meditado antes, y había tenido varias buenas experiencias con la meditación. ¿Porqué cuando me encontraba en uno de los lugares donde más debería sentir cierta conexión hacía ese estado de consciencia, no podía llegar a él?
Tal vez me estaba presionando mucho, tal vez la idea que tenía sobre cuando y cómo encontrar ese estado de paz, era completamente falta, y tenía que desapegarme de ciertas creencias para realmente obtener resultados.
La cosa tampoco era tan grave, apenas era mi segundo día.
El día terminó con una charla de comida, donde Fred nos daba todas las razones que necesitábamos considerar al momento de elegir llevar una dieta vegana, vegetariana o carnívora.
Expectativas:
Muchas
Resultados:
Esperaba que fuera una charla más concisa, con datos más precisos y una mejor descripción de lo que debe comer una persona vegana, no simplemente decirnos que somos simios y que lo único que necesita nuestro cuerpo son frutas, lo cual tiene bastante sentido pero no puede ser lo ÚNICO que necesitemos, sino no existirían tantos casos de deficiencia de ciertos nutrientes, ¿cierto?
Salí con los brazos completamente adoloridos, pero a la vez muy satisfecha de todo lo que se había hecho en el día, realmente yoga es lo único que me veo haciendo además de mi chamba, y qué mejor ahora para aprovechar y profundizar en mi práctica con inteligencia, es decir, con una base estructurada y especializada para tratar mi espalda.