Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Día 9

Qué intenso es el hambre, qué lento se pasa el día si le das toda tu atención.

Tuve un sueño rarísimo, lleno de repeticiones y personas que hace tiempo no veía. Me desperté muchas veces en la madrugada (el efecto del efervescente llegó después) hasta que a las 4:40 tiré toalla y fui a la cocina a prepararme el desayuno. El cielo estaba naranja.

Un vaso de yogurt con plátano en rodajas, un bowl de cereal con tajadas de queso.

Suhoor

Hoy decidí probar comer antes que meditar, como se debería hacer en realidad.

No sé si era la hora, lo mal que había dormido o tal vez mi mente diciéndome que no coma tanto porque no voy a tener una buena meditación, pero no tenía hambre. De hecho, me sentía algo llena del día anterior. El cielo seguía naranja cuando terminé de comer. Me quedé despierta y aproveché en despedirme de mi hermana que salía de viaje.

Si bien la semana pasada no nos habíamos llevado nada bien, y aún quedaban rezagos de esa discusión, y de otras que seguramente venimos arrastrando por lo distintas que somos, los viajes siempre me ponen nerviosa, me pongo a pensar en los peores escenarios y el peso que llevaría toda mi vida si no le diera un abrazo antes de partir. Entonces lo hice y solté los pedacitos de enojo que quedaban.

Ya estaba por amanecer y me acomodé en la sala para la meditación del día.

Este ha sido el día que más hambre he tenido.

Empezó a eso de las 3 de la tarde. Respiré hondo y esperé a que pasara, pero no lo hizo. Los incones en el estómago se iban haciendo cada vez más fuertes y en algún momento de la tarde mi madre entró a decirme que me iba a dar gastritis si seguía con esta tontera.

Para empeorar aún más la situación, estuve trabajando en un subtitulado todo el día y por cosas de la vida, y de seguir mal un tutorial, lo perdí todo. El estrés era real. Felizmente hice algunas consultas y el tema se solucionó de la manera más fácil. Entonces, observé cómo las pequeñas cosas de la vida pueden jugar de manera tan sencilla y casi regalada con el estado de ánimo de una persona.

Fue después de incidente que recordé que Rodrigo había salido al medio día a hacer ejercicio y hasta ahora no volvía. No lo había notado por estar tan metida en la compu, pero ahora que salía y notaba su ausencia recordé alguna historia que contaron el fin de semana donde un señor, tío o abuelo de alguna de las personas presentes, le había dicho a su esposa que saldría a comprar fósforos y no volvió en 4 días por haberse ido a alguna parte de Centroamérica a comprar gallos de pelea. What?! Todo se relacionaba. Empecé a pensar en qué parte del mundo estaría Rodrigo.

Le escribí inmediatamente a hacerme la víctima, como si lo hubiera estado esperando ya por horas de horas. Y me mandó una foto del condominio. Me dijo que había hecho otros pendientes y que luego había estado haciendo hora para comer conmigo, después del atardecer. Me emocioné y salí a abrazarlo.

El dolor de estómago nunca paró y no tardó en transformarse en nauseas. Uno con nauseas no puede comer ni tomar nada. Eso lo empeora. Caminé por la casa y decidí pasar la última hora de ayuno jugando cartas con la mamanita, mi abuela. Me encanta jugar cartas con ella, es muy tierna.

El otro día que estábamos jugando y le gané me dijo «peores palizas me han dado en la vida». Fue lo mejor que me pasó en la semana, y es cierto, ha tenido una vida muy dura.

Terminamos comiendo todos a las 6 y algo de la tarde. Carlita también había decidido hacer hora para comer conmigo. Me sentí muy acompañada.

Pescado a la plancha con arroz y ensalada, sarza de cebolla, 5 alfajores (sí, los alfajores han vuelto)

Iftar

Volvimos a jugar cartas y terminamos de armar los alfajores que quedaban. Carlita ya está pensando en hacer otra receta de alfajores para que nunca falten alfajores en la casa. Me recordarán mucho a estas semanas de ayuno.