
Hacer nada pero a la vez, hacer mucho.
Me costó despertar y llegué al amanecer a las justas.
No puedo creer que ya estoy casi a la mitad de camino. ¿Podré terminarlo?
Ultimamente he estado meditando sin «ayuda». Me despierto zombi, camino hacia la cocina, preparo algo sin muchas ganas, como, espero un momento para no tener tan presente el recuerdo de la comida durante la meditación y luego acomodo un espacio en la sala para sentarme en dirección al sol que está por salir.
Estoy muy dormida para regresar al cuarto y sacar mi celular para poner la música.
Entonces sí, lo hago por mi cuenta. A veces me va bien, a veces no tan bien, pero esto es práctica y constancia. No me puedo juzgar ni presionar, tengo que dejar que fluya y confío en que mi mente empezará a comprender y asimilar mis espacios de silencio y quietud.
Dos pedazos de pizza, 5 makis, papaya picada.
Suhoor
Fiel copia al día anterior, me dediqué a hacer nada.
Y en algún momento de mi domingo sabático, me sentí culpable.
De pronto me sentía demasiado improductiva. Tenía un par de libros por terminar, la agenda de la semana para organizar, algunos frilos pendientes, los cajones para ordenar. Mi mente se estaba volviendo loca, pero al mismo tiempo, mi cuerpo se hundía en el colchón y me decía NO, no hagas absolutamente nada, te lo mereces.
Mi estómago me recordó, antes de la hora que suele hacerme estos recordatorios, que tenía hambre. Y me eché a dormir con Rodrigo para que las horas pasen un poquito más rápido. Me desperté antes de las 5 aún hambrienta y fue a jugar cartas con mi abuelita.
Tallarines con salsa ricotta, champiñones y pescado.
Iftar
Terminamos el fin de semana super tranquilo que nos habíamos regalado viendo los Oscars, que por cierto, había visto el 10% de las nominaciones que habían. Me tengo que poner al día.