15:57. Santo Domingo de la Calzada. La Rioja
Sentadas cada una al margen de la vereda, ensimismadas en pensamientos revueltos por tristeza, ira, y algunos otros sinónimos que cruzan por las puntas de sus dedos, descubren que algunos propósitos no se encontraron muy certeros al momento de hacer ese viaje del que tanto hablaron por semanas.
En eso, los ladridos de unos perros entumecen la calle.
Una de ellas voltea preocupada, la otra no se inmuta. Los ladridos se detienen. Continúan. La calle se llena de vida.
Un señor, canoso y encorvado, se baja de un auto que acaba de estacionarse al frente -o quizás había estado ahí todo esté tiempo, no lo sabremos nunca- y abre la puerta trasera del auto.
Tiene ese caminar de señores que ya han alcanzado la tercera edad: una postura cansada por la acumulación de años en sus rodillas, una lentitud de muchas tazas de café por la mañana tomadas en su juventud, y una cojera incipiente producto de andar aceptando trabajos que ya no le corresponden -una cojera prematura o una cojera crónica quizás, son todas especulaciones.
Saca la llave del bolsillo, abre la puerta de la casa y tres perros enanos, peludos y albinos salen corriendo hacia el asiento posterior.
El viejo se acerca, con una parsimonia que no parece inquietar a nada ni nadie en ese momento -ni siquiera a ellas- y cierra la puerta.
El carro se aleja. Ambas se observan, y por un momento -un breve momento en medio del caos y de un enredo mundano de hermanas- se dan cuenta que han sido parte de un extracto de la vida de alguien.
Parte de un rincón común de tantos años.
Parte de un suspiro dentro del paladar de una vida que no volverán a ver, y de unos perros albinos que no volverán a ladrar frente a ellas. Pero si allí, y quizás a la misma hora, y -muy probablemente- en el mismo lugar.
Así es como vidas ajenas siguen, se cruzan por segundos y continúan su camino.
Justamente es así como todo sigue. La tristeza y la ira también siguen -muy sutilmente-, se cambian las sábanas, se pone a hervir a tetera, se reconocen errores y se aceptan disculpas.

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