A veces me acuerdo de ti.
Hago un gesto y digo en silencio algunas cortas malas -lo siento, es inevitable- palabras.
Luego te vas.
Sucediste hace tantas lunas que hasta se me hace difícil dibujarte a base de líneas y puntos.
Alguna vez te he mencionado en alguna anécdota corta.
La última vez que lo hice sabía que iba a ser la última y sonreí.
Se fue entonces la amargura.
Y comprendí que todo -absolutamente todo- se transforma.

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