Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Recuerdo de un encierro

Este es un año de mierda – pensó minutos después de tomar desayuno.

Cosa rara. Ella nunca tiene hambre por las mañanas. Síntomas que empiezan a aparecer por ser un año de mierda.

Abril, 2020.

Contrariada al tener ese tipo de pensamientos irracionales en un día que siempre ha considerado suyo, incluso (y sobretodo) más que el día de su cumpleaños, decide invitar a su novio a una cita.

Rímel y un poco de color en los labios. Se pone guapa bajo sus nociones de belleza.

Después de 40 días de encierro no se le ocurre mejor idea para evitar terminar aburriéndose de ver su cara llena de baba todas las mañanas. La de ambos, para ser honestos.

No solo hay una pandemia que los tiene atrapados conviviendo en un espacio que se va quedando sin oxígeno, sino que no tiene trabajo. No uno estable, al menos.

La estabilidad nunca parece querer acompañarla a ningún lado. Sin embargo, la búsqueda de trabajo si parece ser una constante a lo largo de su vida.

La falta de este la abruma. Siempre ha sido así, incluso cuando todavía no lo necesitaba, cuando descansaba tranquila en el regazo de su madre, soñando con los ojos bien abiertos, en la mujer que se convertiría.

Entonces la incertidumbre crece. La ansiedad empieza a abarcar cada parte de su ser y se pone de mal humor. Y ese mal humor la empuja a invitar a su novio a tener una cita en medio del encierro.

Hace tiempo no tenemos una – le dice.

No tenemos a donde ir – le responde.

No hay que ir muy lejos para tenerla, puede ser aquí mismo si te apetece – continúa mientras señala el pequeño espacio donde están sosteniendo esa conversación que no los lleva a ningún lado. Literalmente.

Después de un poco de jaloneo y habilidades de convencimiento que no sabía qué tenía, logra concretar el plan con ese ser humano con quien vive y a quien no le gusta tener este tipo de encuentros fortuitos mientras siente que las paredes se acercan cada día un poco más.

Cómo si la falta de espacio justificara la carencia de espontaneidad en una relación.

Le encanta tener citas con él, justamente porque él las detesta. Quizá si le gustaran ya no buscaría tenerlas tanto.

Está fascinada con la contrariedad de los seres humanos y cómo desembocan en discusiones sin sentido que terminan en risa y encuentros carnales desmedidos.

Octubre, 2023.

Este también empezó siendo un año de mierda – pensó hace unos días – pero el truco estaba en aprender a soltar la mierda y transformarla a mi favor.

Han pasado casi 4 años y ella aún busca esas citas en medio otro tipo de encierro, uno que, en realidad abarca ahora mucha libertad; citas que, a diferencia de otros años, ya no necesitan dos personas para llevarse a cabo.

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