Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Todo muy bien (parte I)

Extraño a esa versión tuya que me reclamaba mi demora al contestar.

La que me exigía minutos en vez de negármelos.

Aquella que me habló de matrimonio en el lobby del aeropuerto.

No la que me desechó como un problema no resuelto.

Extraño que las manecillas de tu reloj me traten con cariño.

No tener que hacer una reserva vip para ver una película contigo.

Extraño aquella mujer que se quedaba en mi departamento, tan vulnerable y sensible.

Como el castillo que vimos en la playa de Niza, una obra de arte al aire libre.

Extraño aquella mujer que no esquivaba cada una de mis palabras como si fueran balas.

No esa versión madrileña tuya que huía de casa para que no la angustiara.

Embriagada por lo nuevo, indiferente con lo antigüo.

Mi amor en juego y tu amor tan ambigüo.

Te sentías traicionada por mis pecados capitales, pero dime ¿valió de algo cada vez que te sostuve cuando llorabas a raudales?

Me diste el título de controlador por el hecho de estar encima.

Sin agregarle a la ecuación que solo temía por tu vida.

Porque te amaba tanto que prioricé tu paz y no la mía.

Que tu ropa estuviera limpia y la cama tendida como querías.

Todo para verte feliz y tranquila.

Mientras yo seguía siendo el opresor que te pedía dejar el alcohol por estar con pastillas.

Pero aún así, sigo siendo preso de tus ojos.

Saber que tengo razón pero destruirme con tu foto, como siempre perdiendo el juego ante tu belleza.

Como aquel ajedrez que tienes en tu sala, al que ahora le falta un jugador pero le sobran las piezas.

De haber sabido que se avecinaba el final nunca me hubiera marchado de esa cama contigo.

Porque ahora solo queda el destierro y tu fantasma como castigo.

Porque nunca busqué olvidarme de tu nombre, ni que nos vayamos a dormir enojados.

Pero mientras yo reeditaba nuestro inicio, tú ya publicabas nuestro final por caminos separados.

Y no extrañarte será complicado.

Porque siempre me harás falta, porque dejaste de estar enamorada de mí pero olvidaste salir de mi alma.

Porque siempre serás la que ya no veré al llegar a casa.

Y me carcome pensar lo que hubiéramos sido y todas las aventuras que hubiéramos pasado.

Pero preferiste sentirte libre, dejarme con nuestros sueños ahorcados.

Tengo sospecha de mi error, pero tengo certeza de mis aciertos.

¿De qué me vale tener la razón?

Si prefiero mil veces no tenerla y que te acurruques una y mil veces más a mi costado.

Porque contigo quería conquistar el mundo, ir a Kenya, volver a Mónaco, o solo ir al café de al lado.

Quería subirte a la luna y que todos te miren.

Quería que fueses única e irrepetible.

Mi musa, mi diosa, mi inspiración, mi razón para ser mejor.

Con la que no quise casarme por papeles porque sería una forma de traicionar mi amor.

Porque para mí, siempre serás tú.

Por tonto que suene y poco que valga, por todas esas noches en las que te tuve aunque me botaras de la cama.

Pero ya no puedo convencerte de lo contrario, ni inmolarme en el proceso.

Tú quieres vivir tu vida, y yo, ¿qué mierda quiero?

Y así termina nuestra historia.

Con una llamada tan casual, tan simple y cruel disfrazada de honesta.

Una que me deja de propina mil preguntas y una sola respuesta.

Una que me impide abrazarte y me obliga despedirme de ti de forma tan forzada.

Cuando no lo quería y cuando menos lo necesitaba.

Siempre estaré orgulloso de ti, aunque no te lo vaya a contar.

Siempre querré mandarte un mensaje, aunque ninguno te vaya a a llegar.

Siempre tendré miedo de volver por Diego de León.

Porque aunque retire todas mis cosas y otros hombres entren a nuestra habitación, siempre quedará lo que perdí cuando te di todo mi amor.

Autor: Fossa

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