Años después, pasada la tormenta y la calma, comprendió por qué le cantaba “mariposa traicionera” a su esposa.
La cantaba a todo pulmón mientras comía su hamburguesa.
Se limpiaba la comisura de los labios y seguía.
Ella no comía ni cantaba, llevaba la mano firme en la manija.
La canción terminaba pero la ponía de nuevo, hasta terminar su cena.
Ahora entiende.
Era una canción de despedida.

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