Ella viene con nubes.
Liviana, liviana.
Empieza a resignificar todo lo que ha pasado.
Se escurre como agua reposada por el acantilado.
Resignificar es morirse un poco para empezar a mutar.
Conmutar, permutar.
Ayer hablaron de eso mientras buscaban un carro mal estacionado.
¿Crees que creces un poquito más cada día? – pregunta.
Amar es cosa de valientes – responde.
Con las alas abiertas, abraza lo que viene, lo que permanece y lo que va.
Ella viene también con neblina para momentos tibios.
No todo es frío o caliente, a veces todo es tibio.
Pensamientos intranquilos que encuentran calma en abrazos significativos, eternos, sumergidos en el credo inexistente de un lenguaje oculto que solo ellas conocen.
Siembra raíces – dice.
Ahí donde duela, nunca dudes en tomar la dirección contraria.
Ahí donde duela y escuches viejas melodías, detente.
Observa.
Sigue tu camino, aunque a estas alturas, pareciera que el trazo se borró sin precedentes.
El mar cubrió su estela, pero no la extinguió.
La tristeza es como aquel pantano que pudo ser jardín, el problema eran las condiciones, no las semillas.
Liviana, liviana, habita su nueva piel, habita el presente.
Este es el momento en el que ella se rinde.

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