Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Deudas existenciales

Siempre encuentro abrigo en la escritura cuando tengo el corazón como un papel arrugado.

Quizá se vuelve poesía, la ironía, el desamparo.

Me parece injusto.

Me parece egoísta hacia ella, que solo busca hacerme sonreír.

Respirar.

Soltar.

Últimamente, no me dejo soltar ni suelto.

La vida se ha puesto rara los últimos días, mandándome señales del tamaño de un meteorito.

Y yo elijo no verlas.

O elijo verlas y hacerme la loca.

Tal vez siempre busco en la locura una forma de evadir mis deudas existenciales.

Todo es una elección.

Elijo amar, pero no a mi.

Ese tipo de amor no es realmente amor – me dice mi perro con un suspiro.

De esos que lanza cuando la habitación está en silencio.

¿Dónde está el amor?

En los ojos del Emmanuel cuando me escucha llorar, sube a la cama y me pide que lo abrace.

Ahí está.

Solo ahí.

Extracto de una tarde de Octubre en Rumichaca baja.

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