Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Mi persona

A mi mejor amiga le debo muchas cosas, pero la más importante es, sin lugar a dudas, estar en su cumpleaños.

La conocí hace casi 10 años.

Andaba con su cara de poto en el pabellón C de cachimbos.

A veces nos cruzábamos en la entrada del salón de historia, a veces intercambiábamos miradas y sentía, por un breve momento, que me iba a pegar.

Mi timidez no ayudaba en el asunto tampoco, no puedo echarle toda la culpa a su cara de poto.

Salimos a algunas fiestas y reuniones, hicimos algunos trabajos grupales, y en algún momento de ese primer semestre en la universidad, nos hicimos amigas.

De esas que te van a durar toda una vida.

Era imposible no darnos cuenta que andábamos sincronizadas, en casi, casi todo.

Después de cachimbos tomamos especialidades diferentes, pero siempre encontramos algún momento para juntarnos en el E y ponernos al día.

Luego, en cierto momento, recordaba que me había olvidado algo muy importante, en algún lugar, y cruzaba la universidad corriendo para recuperarlo. Ella, de lejos, solo se reía y me grababa.

Terminamos juntas la universidad y ese día nos emborrachamos muchísimo.

Ella es mi persona, la más dulce que he conocido, la más sincera, sarcástica, emprendedora y la que tiene la cara de poto más precisa de este universo.

Una persona hermosa y valiosa por donde la mires.

A mi mejor amiga le debo varios tintos de verano sentadas en su sala mientras me cuenta algo triste y yo lloro en su lugar.

Le debo las incontables veces que estuvo conmigo mientras me rompían el corazón y manejaba por la Javier Prado con los ojos hinchados y nublados, mientras ella se agarraba de alguna parte del carro y esperaba no morir en el trayecto.

Le debo los millones de abrazos de compartimos en nuestros logros y fracasos.

Le debo las armadas de maletas cuando me iba a algún lugar por un buen tiempo, las llamadas de preocupación cuando pensaba que me había perdido por el mundo, la manera en la que sabe perfectamente cuando estoy por cagarla y hace todo lo posible para guiarme por el buen camino de la vida.

Le debo ese espíritu emprendedor que contagia y que no lo tiene nadie. Absolutamente nadie.

Me quito el sombrero ante ese empuje que pone cada día para sacar su marca adelante, contra viento y marea, y todos los imprevistos que la vida pone en bandeja.

Qué ganas de ir a sacarla de la cama en los días pesados y decirle que lo está haciendo excelente, que todo va a estar bien, que todo va tomando forma aunque ahora no lo veamos.

A ella le deseo toda la felicidad que le pueda dar la vida, multiplicada por 300.

Le debo uno de esos viajes inolvidables, aquellos que recuerdas hasta tener muchas versiones de la misma historia.

Discúlpame, no pude estar hoy contigo, mis pies me jalaron hacia otros lugares, otros cielos, otras versiones de mí.

Pero no te preocupes, para tu próximo cumpleaños, cruzaré 174 océanos para estar contigo, celebrarte y apachurrar ese bonito corazón que llevas.

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