Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Huracán

Hoy se cumple un mes desde que dimos un paso al costado.

Un mes desde que dejamos de hablar de la forma en que lo hacíamos.

Un mes que no he dejado de pensar en ti, aún sabiendo que no puedo escribirte ni mucho menos llamarte. Tu voz me parte en mil pedazos.

Hoy, igual que ayer, te echo de menos, pero ha pasado ya el huracán.

Han pasado también los interminables cuestionamientos sobre si lo que estaba haciendo era correcto o no.

Las rupturas son dolorosas, sí. Pero creo que resulta más doloroso cuando no es el amor el que se acaba, si no algo mucho más grande que jala a cada persona a distintas direcciones.

Es difícil empezar a aceptar eso.

Aunque no parezca, me está costando soltar.

Y tal vez no es que no pueda, es que no quiero, pues hacerlo cerraría las posibilidades que quise dejar abiertas, esos caminitos que quise dejar marcados hacia ti.

Hoy te he pensado muchísimo.

Hemos tenido varías conversaciones dentro de mi cabeza e incluso varías preguntas que dejamos pendientes se resolvieron. Yo sin llorar, tú sin ser hiriente.

Hoy recordé que así como fuimos muy felices, también nos hicimos daño. Y eso está bien, nos ayudo a crecer durante esos 3 años y medio que compartimos.

Hace unos días nos llamamos y recordé que siempre nos gustó el silencio.

Para bien o para mal, ha estado ahí en nuestros mejores y peores momentos.

Como un aliado en la cama y en los abrazos eternos, y como el antagonista más presente de la historia que construimos y que dejamos en una pausa indefinida.

Ahora se siente como si el silencio nos fuera a acompañar durante toda nuestra vida.

Pienso que quizás, así como nos separó, nos puede juntar de vuelta.

Quién sabe, ¿sabes? El universo tiene misteriosas formas de actuar. Y eso está bien.

Hoy volví a hacer grullas de papel.

Nos conocimos casi un año después de haber terminado las primeras 1000 grullas. No se si alguna vez te conté, pero mi deseo sí se cumplió.

Me ayudó a llegar a ti.

Es curioso que justo hoy he empezado una nueva tanda de grullas de papel, curioso cómo mis manos recordaron, después de casi 5 años, la perfección del movimiento.

El papel se transforma, y yo empiezo a soltar.

Necesito soltar, pues aferrarme a ti -o a la idea de ti- solo me llevará de vuelta a una vida en la que ya no debía ni quería estar.

Te voy a amar toda mi vida, de eso no hay duda, y extrañar hasta donde me alcancen los recuerdos.

Hasta que volvamos a coincidir en esta vida u otra, amor de mis amores.

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