Se me han quedado grabadas las ojeras de tanto llorar.
Y no me sorprende, vengo llorando hace un mes, de a poquitos pero significativamente.
A veces detesto llorar, me enojo conmigo misma y el llanto incrementa. Pero las lágrimas saben distintas, amargas.
Otras veces hasta olvido de qué estaba llorando y me doy cuenta que la razón se ha transformado en una gran tristeza que me arrastra hacia abajo, muy fuerte de los pies, como si me necesitara en ese pozo profundo y oscuro.
Hay días en los que abrazo mi llanto, lo acepto e incluso me puedo sentir contenta de ser esta persona sensible y emocional. Ese sentimiento dura menos de lo que debería, pero agradezco tenerlo.
Espero nunca volverme fría – le digo a mi amigo mientras conversamos sobre tener un vinito virtual pronto.
Él también está pasando por una ruptura.
¿Cuánta gente en el mundo estará en este momento con el corazón roto?
Me gustaría abrazarlos a todos.
Me gustaría también abrazarlo, decirle que lo extraño y que pienso en él cada hora de mi vida.
Pero no puedo.
Le haría más daño que bien.

Cuenta tu Historia