Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

El choche

Debo ser cuidadosa para hablar del choche.

Sobretodo porque es muy importante entender el término y todo lo que conlleva ser “El Choche”.

Todo comenzó en la carretera, por supuesto. En alguno de nuestros viajes por el Perú y/o países aledaños mis papás encontraron al Choche en curvas, pistas solitarias, túneles largos donde la canción de la bocina no faltaba, tráfico de camiones y pistas en arreglo.

Encontraron al Choche en los incontables viajes que hacíamos al año de Arequipa a Tacna y Tacna a Arequipa. El Choche seguía su camino cuando parábamos en el fiscal a tomar chupe de camarones, pero no pasaba mucho para encontrar a un nuevo Choche en el camino y seguir con el juego.

Claro, es triste pensar ahora de lo fácil que era encontrar a un nuevo Choche, sin embargo, el asunto ameritaba ser discutido antes de elegir al nuevo indicado.

No cualquiera podía ser el Choche.

El Choche era, en ese entonces y ahora, un auto de cualquier tipo que iba a un buen ritmo en la carretera y usualmente iba delante. Un guía pero a la vez un competidor muy hábil.

Había una complicidad muy emocionante con el Choche. Un juego de señales y reglas que todos respetábamos tácitamente:

1. El camino se comparte

Si bien el Choche generalmente llevaba la batuta, no faltaban aquellos momentos del viaje donde nosotros lo pasábamos y disfrutábamos de la adrenalina de competir con el Choche. Era una competencia sana y siempre había un suspiro colectivo cuando el Choche nos pasaba nuevamente.

2. Está bien ir rápido

A mis papas siempre les ha gustado manejar rápido y el Choche tiene que dar la talla. Mi papá con el tiempo dejó de correr en la carretera y se volvió medio lenteja, al menos eso es lo que he percibido en los contados viajes que hemos hecho ya de grande. Mi mamá, sin embargo, sigue siendo una bala y cuando me quedo dormida no puedo evitar soñar con un choque o algo similar.

3. El Choche sabe que es el Choche

Es algo aprendido. Uno cuando entra a la carretera espera muchas cosas del camino. Una de las principales es encontrar al Choche, a tu compañero de curvas y saltos de camiones. El Choche se da cuenta que se ha convertido en uno cuando ve el mismo carro, ósea el nuestro, a través del retrovisor, y sabe que no es precisamente una persecución o una carrera lo que está aconteciendo.

Es más un acompañar, una amistad, un grato momento que puede durar varias horas.

Quien diría que tenía tanto que decir del Choche después de todos los viajes en carretera que he ido olvidando involuntariamente. Es curioso cómo la mente es selectiva con nuestros recuerdos.

Ayer llegamos al norte después de casi 18 horas en la carretera. Mi tío era el Choche predilecto para este viaje, por supuesto, pero habían Choches secundarios que nos acompañaron por parte del trayecto.

Aunque el viaje fue tedioso y tengo un fuerte dolor de cuello producto de mi intención por priorizar la comodidad de los perros, y Carlita no me dejó manejar para poder tener mi propio Choche, fue agradable recordar su existencia.

Tiene su encanto viajar por carretera, gracias por el buen rato, Choche(s).

Cuenta tu Historia