Dejé de escribir por un tiempo. ¿La causa? Probablemente la flojera.
Mi enemiga número 1 en cuanto a constancia y orden, y por otro lado, mi amiga más cercana en los últimos meses.
Sobretodo los domingos, cuando elijo no bañarme, no quitarme el pijama, no salir de la cama, pedir favores como «¿me traes algo rico?» o «¿me pasas mi cargador?»
Rodrigo no es muy fan de ella, y lo entiendo, a veces yo tampoco lo soy.
A inicios de año, como suele pasar en esa fecha tan sobrevalorada u otras como inicios de mes o luna nueva, hice una promesa con este blog de escribir una vez a la semana. Empecé un domingo y así funcionó por un buen tiempo.
El último domingo de Julio, en realidad hace no mucho, no pensé en que me daría un tiempo, la flojera se encargó de eso muy sutilmente.
Y todo andaba bien hasta que un amigo colombiano me escribió un viernes por la noche, hace ya algunos viernes atrás.
La charla empieza con nimiedades y luego va al grano, «¿sigues escribiendo?», me pregunta.
La tentación de mentirle me agobia porque no hay razones para hacerlo, solo quizás el hecho de tener que admitir que deje de hacer lo que más me gusta de pura floja.
No me gusta observar y asimilar mi flojera, me hace retroceder algunos peldaños y refuerza también mi falta de compromiso en los últimos meses, o incluso años.
Sería fácil, también, culpar a esta pandemia del orto que nos tiene inmersos en una incertidumbre horrenda. Pero no puedo agarrarla de pretexto. Dentro de todo, estoy bien. Hay salud, hay trabajo, hay un techo sobre mi cabeza, hay amor y hay tamal en la refri.
Entonces le dije que no, que ya no escribía y que quizás no lo haría en un tiempo, ya sabes, «hasta que todo esto pase».
Y me recriminó feísimo. Él era una de las pocas personas que sabían de ese largometraje que estaba escribiendo con mucho afán. También era de los pocos que me ha leído para decirme sin mucho rodeo «no dejes de hacerlo» y luego darme un pocotón de páginas para seguir leyendo, y por qué no escribiendo.
La conversación quedó ahí y con sus palabras llegué al domingo, frente a una página en blanco, la rayita parpadeando y nada que decir.
Nada que decir y a la vez tantas ensaladas en mi cabeza con textos y textos de vómito verbal, incongruencias y mucha flojera.
¿Volvemos a la flojera? Por qué no, total, es domingo.
¿Volvemos a los textos de domingo? Por qué no, total, aún no acaba el año.

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