Después de 8 años en ese departamento, se dio cuenta que el sol no daba a su balcón.
Había pasado muchos años no estando en el departamento lo suficiente como para saber que el lado privilegiado se encontraba al frente.
Y ahora, luego de 100 días estando en casa, finalmente había entendido porque los antiguos dueños habían tenido tanta urgencia en vender el departamento.
Era un congelador.
Luego de evaluar detenidamente si lo que necesitaba era mudarse al frente, empezó una investigación relacionada al comportamiento de los vecinos ante las largas horas de sol (cuando sale en invierno) sobre su balcón.
Ahora no solo le daba cólera no tener sol, sino también lo malagradecidos que eran sus vecinos.
Sin mucho que perder, decidió dar un paso más en la investigación e ir a conversar mascarilla a mascarilla con uno de los privilegiados del frente.
Ya había tenido oportunidad en saludarse a distancia con una viejita del mismo piso, así que esa fue su primera opción.
Tocó la puerta. Esperó. La viejita la recibió con asombro y luego de intercambiar algunas cortesías y disculpas, llegó la pregunta, tan directa como pudo.
¿Por qué no aprovechas tu balcón? – le preguntó evitando toda agresividad posible en su tono de voz hacía días que andaba bastante enojada por el asunto de la falta de sol en su balcón
La viejita, anonadada ante tan intrépida preocupación, no supo qué decir y optó por dejarla pasar y que ella misma respondiera a esa pregunta.
Ella pasó y por varias horas absorbió toda la energía solar que pudo.
La viejita la acompañó y después de muchos años pudo disfrutar el privilegio de tener un departamento a ese lado del condominio.
Al despedirse acordaron visitas ilimitadas en los días soleados.
Y así fue.
Compartían el balcón las pocas horas que salía el sol en invierno así como compartían el frío los días en los que se escondía ante el cielo gris de Lima.
Fue un buen invierno – pensaría años después en un departamento nuevo que recibiría sol en su balcón.
Pensaría en la amiga que hizo a causa de la osadía de cierto día en el que tuvo mucho frío.
Y recordaría aquella vez que la viejita le pudo responder a esa primera pregunta que la hizo pasar al balcón soleado “quizás solo necesitaba compañía para disfrutar el sol en mi balcón”

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