Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Historias para Dormir

¿Qué haces en noches de insomnio? – le preguntó mientras se trepaba a una de las gradas y bailaba en un pie.

Es la primera vez que me animo a dar una vuelta – le respondió.

Él siguió bailando en un pie.  El tren pasó.

Uno de esos trenes que llevan carbón y minerales  de una ciudad a otra. O madera. Al menos eso es lo que ella solía pensar que llevan los trenes viejos que recorren las ciudades de madrugada. Siempre había pensando en ese pueblo como uno de los que se quedaron en tiempos pasados, cuando la gente tenía más temas de conversación y habían menos pantallas frente a sus narices que los tenían abobados.

¿Qué crees que lleva el tren? – le preguntó.

No sé, carbón. – le respondió con cierta indiferencia, uno no quiere darse a conocer mucho en la madrugada. Mucha seguridad implicaría un grado de conocimiento en trenes y sus caminos, mucha inseguridad implicaría un desinterés inmediato.

Cambió de pie y siguió bailando. Esta vez sus movimientos iban de acorde con el sonido de tren, que por cierto, ya estaba por dejarlos.

¿Qué te sacó de la cama? – le preguntó.

Sus ronquidos. – dijo entre un bostezo.

Estaba tan cansada en ese momento. Una parte de su cuerpo le pedía a gritos que se vaya a dormir, la otra, que recordaba los ronquidos, estaba convencida que no iba a lograr mucho si se iba a la cama en ese momento. Ella solo quería volver a su casa, cerrar los ojos y olvidar  el sonido que produce la nariz y boca de su novio al entrar y salir de ellas.

Pero, no era el ronquido, ni el sonido de la refrigeradora, ni la luz que entra por el techo abierto entre las habitaciones. No era aquel grillo a unas cuadras que también estaba con insomnio, ni la luz titilante del celular. No era ella, ni él, ni las otras 300 personas del barrio que estaban durmiendo y roncando en ese momento.

No te creo, no luces cómo aquella persona que no aguanta algunos ronquidos – dijo que chico que había dejado de bailar y ahora contemplaba con fascinación a esta chica que encontraba apaciguante el paso del tren, la brisa del río y andar descalza a las 4am de la mañana.

Me quedé sin historias para dormir – respondió.

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