Hace más de dos meses que deje de escribir.
Mejor dicho, hace más de dos meses que deje de plasmar lo que escribía en mi cabeza.
Y no está mal.
Yo creo que esto va de acuerdo al tiempo, de acuerdo por obvias razones al estado de ánimo, pero sobretodo, de acuerdo a las probabilidades de la vida, básicamente.
Según cierta gente, el tiempo se hace.
Falsísimo.
Si el tiempo se hiciera, no estaría apurada siempre.
- Andas apurada siempre porque hueveas mucho – me diría Carlita
-
Solo porque siempre que me ves en la casa, me chorreo en algún lado y me pongo a jugar TwoDots – le respondería
-
Hueveas pues – me diría de vuelta
-
Tengo derechos – le respondería
Y me chorrearía en algún lado para jugar TwoDots.
Pasaría mucho tiempo para que salga de ese pequeño trance vicioso, luego recordaría que tengo que hacer algo y dejaría otras muchas cosas en pausa.
Hace varios meses, vengo dejando cosas en pausa. La tesis, por ejemplo.
Hoy debí haberla retomado.
Debí haber llegado a casa y solo, dejar lo extra de lado y ponerme a por ella de una vez por todas.
Es frustrante dejar algo estancado por tanto tiempo. Se empieza a pudrir, y con ello, mis ganas de despudrirla.
Por otro lado, también es frustrante mi manejo del tiempo. Creo que nunca fui buena en ello.
Resulta que estuve casi 3 meses en un parcial desempleo, lo cual significaba varias pero realmente varias horas de completa inexistencia propia, o mejor dicho, de falta de pendientes.
Se me ocurrió retomar la tesis justo en el tercer mes, y así muy de pronto, empecé un trabajo que ocupa actualmente el 80% de mi tiempo si es que el tiempo es enteramente inamovible.
Semanas después, tras haber dejado no solo la tesis sino también este simple manifiesto en pausa, tengo la respuesta al problema este del tiempo.
Resulta que, el tiempo va más rápido que nosotros. Por ejemplo, ya estamos por entrar a junio y yo sigo pensando que es marzo.
Las pocas horas del día no nos permiten elegir sabiamente qué hacer con esas horas libres que restan de una común rutina. Digamos que el común denominador es tener un trabajo que demande 8 horas de tu vida, agrégale 7 horas de sueño, luego agrégale 3 horas, en promedio, de moverte de un lugar a otro, considerando que es Lima, agrégale una hora más, y luego un par de horas entre que desayunas o cenas. Nos quedamos con 3 horas para actividades extras, que puede ser hacer la tesis o dedicarte un tiempo alejado de las obligaciones del día a día, o vida social y ya.
Por otro lado, he de admitir que algo que nunca ha ayudado a resolver mi problema con el tiempo, es mi incapacidad de hacer solo una cosa a la vez, o mejor dicho, que me encanta abarcar mucho y meterme a varios proyectos a la vez.
Y digo que me encanta con un ligero tono de sarcasmo pues, cierta parte de mi, extraña no hacer nada. Y a la vez, a otra parte de mi le da ansiedad cuando no hago nada.
Otra cosa es que, como últimamente ando bien metida trabajando, el rato que me queda libre prefiero gastarlo en placeres culposos como enroscarme en mantas y ver una serie o una película, mientras pido comida de algún lado. Un estilo de vida que me va a jugar en contra, a mediano o largo plazo.
Y así nos pasamos, como seres humanos, despriorizando las cosas. Centrando nuestra vida al trabajo por épocas, ahorrando y gastando de acuerdo a lo que nos merecemos. De eso hablaré próximamente.
Básicamente, el real problema no es el tiempo en sí, sino cómo este se ve partido y explotado ante el tráfico, mis prioridades y mis líos internos entre dedicarme a muchas cosas o solo no hacer nada.
O de pronto, muy de pronto, el problema es simplemente que me quejo mucho.

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