He decidido llorar.
He decidido que lloro, constantemente.
He decidido que hacerlo, me permite sanar, reiniciar, seguir.
He decidido dejar de ver al llanto como una forma débil de defenderme, o incluso, dejar de verlo como un chantaje bajo.
No es ni débil, ni mucho menos busca chantajear a las personas, que bueno pues, me han visto llorar eventualmente en la vida, simplemente es mi forma de expresar mis emociones. Y no, no es la más adecuada.
Pero también, he decidido dejar de luchar conmigo misma, con esos bajones repentinos que nos agobian, nos retienen y nos sueltan.
Abrazar mi tristeza si es necesario, y alentar a que mi felicidad siga tomando el primer lugar.
Y todas estas palabras y conclusiones lanzadas al aire a la web en realidad me recuerdan mucho a mi papá y a ese día, cuando me dijo:
Vas a tener que trabajar harto en tu inteligencia emocional, si quieres lograr grandes cosas en la vida.
¿Él contexto? No lo sé, quizás llegaba del cole y le contaba de la clase de las 8 inteligencias múltiples según Howard Gardner.
Entonces él me preguntaría:
¿Y cúal de ellas crees que te cuesta un poco más que las otras?
Y yo le respondería
No sé pa, tal vez la inteligencia emocional, creo que a veces soy muy sensible ante ciertas situaciones.
Y así la conversación llegaía a ese final odioso donde condiciona mi futuro a travéz del manejo correcto de mis emociones, algo muy, pero muy, complicado considerando que 10 años después, puedo decir con orgullo que me conozco un 83.5%. Y eso es bastante, pa.
Entonces, considerando que estoy pasando por un momento severamente indeciso en cuanto a «mis planes futuros», este sería también el momento de decir:
Bueno Antonia, ponte las pilas y deja de llorar.
Pero dejar de llorar no va a hacer que de pronto sepa que quiero, o tenga una especialización en algo, o que habemus sea el mejor hummus del mundo, o que consiga un trabajo que me de estabilidad económica y a la vez que me haga ultra feliz.
Al final, todos esos deseos, van a tomar forma en un tiempo, y comprenderé que quizás no estaba abarcando bien las cosas.
Comprenderé que cometí uno y varios errores en el camino, pero al fin y al cabo, seguiré andando, entonces, no lo habré hecho tan mal ¿cierto?
Me desvié.
Volvamos al tema del llanto.
El llanto es, según lo he analizado estos últimos días, una forma de expresión, un canal, un camino hacía algo menos dramático y más incisivo. No siempre resulta como quiero, y a veces hasta tiende a enredar las palabras y hacerme dar un tropiezo en vez de un paso hacia adelante.
Pero sigo, y seguiré llorando, porque admito que me gusta mi sensibilidad.
Y si nos deshacemos de las a veces pocas cosas que nos gustan de nosotros, ¿qué quedará?

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