Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

8:45pm. Frio al Fuego. Iquitos.

Y por un momento, un bello pequeño momento, mientras lo miraba en medio de la oscuridad del lugar, donde el agua llegaba casi hasta mi nariz aún teniendo los pies en puntita bajo el agua, me pregunté qué estaría haciendo en esta precisa fecha si es que no nos hubiéramos conocido hace casi 11 meses atrás.

En ese momento de silencio y suave movimiento de agua entre nosotros, sentí que lo conocía de toda la vida, como si de pronto, quizás, hubiéramos coincidido en otra vida, como coincidimos en una chamba apenas unos meses atrás.

Pero había sido un encuentro muy banal, probablemente.

Yo en ese entonces justo iniciaba una relación a distancia clasic antonia y él pues, estaba en una etapa donde se cuestionaba que chucha estaba haciendo con su vida y tal algo que es muy usual en esta etapa de nuestras vidas, y pues, creo que nunca dejaremos de cuestionarnos.

Entonces claro, no existía posibilidad de mirarnos y decir: Oh! Que ser humano tan interesante, quiero conocerlo más y amarlo y vivir emocionantes viajes con él y muchas cosas más.

No, por supuesto que no.

Yo sufría gravemente de una idealización de personaje, y él pues, luchaba con sus demonios internos. O quizás era del modo contrario, ¿no? tal vez uno de mis demonios internos era en realidad ese deseo frustrado de tener una relación y poder finalmente darme el privilegio de amar; y en su caso, era la idealización de una persona que él consideraba que debía ser.

Pero ahí, en medio del amazonas, justo después que este tip dejó caer mi teléfono al río porque le pedí que grabara el atardecer sin percatarme que el piso tenia delgadas franjas entre los listones de madera que lo conformaban bueno de todas formas fue su descuido y no el mio, pero a veces me gusta compartir culpas, ahí, después de haber llorado un poco no por el teléfono sino por todas las fotos que perdimos del viaje que estaba ya terminando, ahí tuve ese sentimiento de no quiero estar con otra persona que no sea él.

Fue extraño igual, sentir eso en pleno enojo, pero lo abracé y lo perdoné sin decirle que lo perdonaba, y la vida siguió.

Hace ya un año, entre cervezas, vinos y mimosas, y largas conversaciones de proyectos que se irán dando, muy eventualmente cuando nos organicemos y dejemos de hueviar tanto, tengo un compañero de vida que aguanta mis extensos llantos hormonales, mis canciones necias a pedro, mi necedad en general y mis momentos de apuro por las mañanas, siempre con un avanza andre de por medio.

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