13:04. Miraflores. Lima
De pronto, al mover la pantalla de la iMac, como muchas veces lo hago durante el día para pasarle el USB a Daniel, la computadora se apaga.
Y me quedo viendo mi rostro es ese negro y gran rectángulo que habita conmigo de lunes a viernes, por un tiempo razonable de 7 horas en promedio.
Y me vi.
Ahí sentada.
Cansada.
Mis ojos me pesan y quiero llorar.
No por tristeza, por cansancio no me sorprende, siempre lloro de huevadas.
Y en eso, como si Spotify supiera que necesitaba ayuda me lanza a el Kanka.
Cógelo,
ve por él,
suéltate,
inténtalo.Sírvete,
agárralo,
mírate,
créetelo.Sal de ahí,
afróntalo,
ciérralo,
déjalo ir.Di que sí,
o di que no,
tómalo,
confía en ti.Sí que puedes,
que nadie te diga que no,
porque sí que puedes.Sálvate,
exígelo,
cázalo,
duro con él.Pruébate
y pruébalo,
cámbialo,
atrévete.Sí que puedes,
que nadie te diga que no,
porque sí que puedes.Sí puedes virar el rumbo y tirar lo que sobra, puedes
volver a coleccionar segundos de placer y estrofas
de poéticas palabras y de golfas ‘madrugás’,
estarás cerca si en vez de mirar al suelo echas a caminar.Sí puedes alcanzarlo, mira, lo tienes delante, puedes
dar un paso y otro y otro más, casi lo tienes, puedes
salir del armario, cogerlo por el mango, echarle ovarios,
no te deseo suerte, no hace falta porque…Sí que puedes,
que nadie te diga que no,
porque sí que puedes.
Y mientras seguía escuchando la canción, me agaché y movi cables para que la maquina esta dejara de interrumpir mi trabajo.
Y seguí así, aún cansada, pero con ganas de dejar de estarlo.
Gracias Juan Gómez Canca, a veces me viene bien escucharte y reconstruirme.

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