De tanto en tanto, porque no todo es constante, no todo siempre tiene que seguir un patrón, ella se empieza a desordenar.
Es un desorden que no preocupa ni envejece, pero sigue siendo un desorden.
Y entonces, encontró en él un desorden también.
Hablan de cómo solían ser,
Siempre ella haciendo y él deshaciendo, y viceversa.
Claro, antes, cuando éramos yo y tu, y no tu y yo – le dice riendo
Y mucho más ahora cuando no hay espacios vacíos entre el yo y el tú – le dice con ternura
Configuran, revisan y envían.
Se controlan, si, pero a veces se olvidan, y empieza el desorden.
Un desorden que no es malo, de hecho, a veces un poco de eso ayuda a reorganizar las cosas, salir un poco de la ruta para encontrar un mejor atajo.
¿Te gusta caminar bajo la lluvia? – le pregunta –
Cuando piensas en el amor, ¿En qué tipo de amor piensas?
Puedes decirme lo que ves, yo me encargaré de elegir lo que creo – le responde
Espera amor, este desastre fue tuyo, pero ahora tu desorden es mío – sigue la conversación
Suerte que estás de mi lado esta noche – continúa – tú eres la razón por la que me siento tan fuerte, y quizás, la razón que estaba esperando
Este desastre fue tuyo – le dice – ahora tu desorden es mío.
Y está bien, es un desorden que re-acomoda, que nos invita a botar lo viejo, a aprender de nuevo, a ser más tolerantes y de paso, empáticos
Porque tu desorden es mío, y el mío tuyo.

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