7:08 pm, Monterrico, Lima
Hijita y ¿desde cuando te duele la espalda? – me preguntó la mamanita mi abuela
Y… no se la verdad – respondí – fácil unos 6 o 7 años, fácil más
¿Porqué nunca dijiste nada? – me preguntó
No sé, tal vez en ese entonces no le di tanta importancia al asunto este de mi espalda
Lo cierto es que no tengo idea cuando comenzó a dolerme, sería cuestión de sentarme un día y hacer una especie de calendario hacía atrás donde vaya punto por punto identificando situaciones relevantes en mi vida donde pueda decir «si, ahí me dolía la espalda super fuerte» o «no, ahí vivía tranquila y sin molestias».
¿Porqué dije 6 o 7 años? porque esos son más o menos los años que han pasado desde que me fui un par de meses a mochilear viajar con mi grupo de las clases de francés y una profesora a quien quiero muchísimo por Francia.
En ese viaje cargué una mochila de casi 23 kilos si no estoy exagerando y caminé largas distancias con ella si no estoy exagerando otra vez como de la estación de tren hasta la cima de una montaña donde estaba el hostel ok, ahora si estoy exagerando.
Entonces, sería muy fácil para mi culpar a ese viaje y a esa profesora que nos hizo llevar mochilas en vez de carry ons, sin embargo, ¿acaso todos los que estuvieron en el viaje terminaron con el mismo dolor de espalda crónico llamado escoliosis como yo? no.
Voy ahora un poco más adelante, cuando tuve mi primera experiencia de work and travel en el bello pueblito de mierda llamado West Dover, en Vermont, y no hay ningún rastro de algún dolor fuerte mientras bajaba la montaña, por ejemplo, o cuando trabajaba paseándome por la cafetería rellenando las fuentes de soda o la parte de las ensaladas, ni cuando estaba en bakery y me tragaba las galletas de reeses ahí nació mi amor por los reeses y también mi alergia a ellos.
No fue hasta meses después que trabajé en chillis de mesera y tuve que renunciar porque me dolía estar parada tantas horas y también porque me explotaban maleado entonces no valía la pena realmente, recuerdo esto perfectamente porque esta corta etapa de mi vida se cruzó con mi entrada a Techo, y claramente ahí también me pasó factura cargar paneles y techar encorvada sobre las calaminas. El horario de chillis se cruzaba con algunas actividades de Techo y mientras que en un lugar me estaba fregando la espalda y estaba siendo medio infeliz, en el otro lugar también me fregaba la espalda, pero me encontraba sintiéndome bastante bien y agradecida.
Un año después de eso, si es que no me equivoco, fue que el dolor se hizo insoportable, fui a un doctor y me recetó terapia física, la cual amaba porque me echaba en una camita y me ponían electricidad o algo similar, me daban masajes y luego me enseñaban ejercicios para que yo haga cada día en mi casa. Los cuales no solía hacer y ese fue mi primer error.
La terapia terminó sin mucha mejora, por lo que culpé a la terapia en sí y la abandoné. Por lo tanto, mis espalda se siguió jodiendo.
Y mientras se seguía jodiendo, yo no hacía nada al respecto, ni siquiera intentaba mejorar mi postura. He ahí el siguiente punto/error de este corto relato lleno de tragedias, nunca me preocupé de mejorar mi postura, por lo tanto, siempre tendí a andar encorvada.
Para cuando me fui a un viaje familiar a las leñas el año pasado, no podía bajar la montaña sin que me ardiera la parte baja de mi espalda. El dolor era terrible, era la real joda esta vez sin exagerar.
Volviendo de ese viaje fue que entré a trabajar a limaYoga y por consecuencia, a retomar mi práctica de yoga y volverla una rutina, una forma de vivir, un compromiso conmigo y con mi espalda. Lo que sigue es un poco obvio: mi dolor de espalda bajó considerablemente, pero, no del todo.
Y aquí viene un último error: sin saberlo, y mientras avanzaba en mi práctica, empecé a llegar a posturas que en vez de calmar mi dolor, profundizaban la lesión. Posturas que no son para todo el mundo, por que en sí, todos los cuerpos son distintos y todos tenemos nuestros límites.
No fue hasta hace un par de meses dios santo que rápido pasa el tiempo que llevé, con cierto temor, el profesorado de power yoga y fue ahí donde no solo me enteré que la había estado cagando mal, sino que aprendí cierta secuencia para aliviar y hasta desaparecer ese dolor de espalda que tanto me perjudica, tanto física como emocionalmente a veces me pone de muy mal humor, o me llena de estrés y si se me junta con la luna me da el real lloriqueo.
Entonces, después de arreglar mis tiempos y encontrar un espacio en mi día para dedicarle tiempo a sanar, hice la secuencia por 7 días y el cambio fue muy, muy grande. Luego, la vida se dio, el ego se apoderó de mi y asistí a clases de yoga donde hice posturas que no debía hacer y el dolor de espalda volvió con más ganas, lo que me empujó a los relajantes musculares, nuevamente, y por consecuencia, tuve días bastante lentos y tediosos.
¿A qué quiero llegar con todo esto? A que nunca voy a sanar si es que no creo el ambiente ideal para mi sanación, si es que no me comprometo, si es que no tomo consciencia, si la dejadez se apodera de mi y me lanzo a la piscina de relajantes musculares que nunca serán la cura, sino un paliativo muy efímero.
A partir del día de hoy, comienzo mis 12 días lo necesario para notar una real mejora según mi instructor de full dedicación a esta espalda que la está pasando pésimo últimamente.

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