Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Brillar desde el aire

Un buen día de mayo, desperté con una idea en la cabeza.
¿Y si lo que necesito realmente es un tiempo de estar conmigo?

Mayo, Paseo de la Castellana, Lima
La idea se quedó ahí rondando.
En ese entonces salía con alguien en realidad ya iban varios meses que andábamos en esas, con quién había decidido obviar la etapa en la que definimos etiquetas, por lo que el concepto concreto de «qué éramos» había quedado ahí, casi pasando desapercibido.
Hasta ese buen día de mayo donde no solo desperté con ganas de tener esa definición, sino que también con un sentimiento de culpa hacia mi misma por no haberme dado el tiempo de luto que necesitaba, después de otro fracaso amoroso.
Lo medité, lo razoné y supe que la mejor decisión era elegir estar sola conmigo.
Sí, tenemos esa manía de pensar que estamos solos cuando no estamos con nadie, y eso carece de sentido cuando lo escribes, por diversas frasesitas que ya se nos hacen conocidas como: «no necesitas de nadie para ser feliz» o «tu eres el amor de tu vida».
Nos volvemos expertos al aconsejar a alguien usando esas frases, pero claro, al momento de aplicarlo en nuestras vidas nos cuestionamos cada letra.
Nos cuesta porque no nos gusta «estar solos», porque siempre resulta mejor o más cómodo estar acompañado, o mejor dicho, tener a alguien con quién hacer planes.
Pero ese día me armé de valor y le dije para ir a almorzar y hablar de temas fuertes.
Se rió por mi drama de siempre y salimos a comer.
No no me atreví ahí, dejé soltar la bomba para el postre, nos fuimos por un café y me tomó algo de 15 a 20 minutos para lograr componer las palabras en mi cabeza y exhalarlas suavemente por la boca.
Una parte de mi quería hacerlo lo más rápido posible, para que sea menos doloroso y para irme de una vez a la chamba porque ya estaba tarde, y otra parte de mi no quería hacerlo y punto.
Entonces lo dije y su cara de sorpresa me sorprendió aún más.
– Bueno entonces, ¿nos vamos? – le dije nerviosa
– No – me respondió a secas
Creo que lo miré de cierta forma un tanto incómoda y un tanto a modo de súplica porque soy llorona y estaba por llorar que aceptó en irnos.
Nos abrazamos y fin, igual sabíamos que nos seguiríamos viendo porque bueno, éramos muy amigos cómo para dejar que rollos amorosos sean más fuertes.
Y bueno, la gracia y empoderamiento incluida una pequeña dosis de superar mis miedo a estar sola me duró una semana.
Lo cierto es que a veces hay cosas que son más fuertes que caprichos y razonamientos que suelen ser respaldados por algo que oíste alguna vez como «date un tiempo de luto» o «no te apresures» o «un clavo no saca a otro clavo»
No está mal no darte el tiempo de luto, cada uno lo vive de la manera que le toca vivir.
Y sucede que, a veces pesa más dejar entrar a la persona correcta a tu vida, que seguir ciertas creencias convencionales sobre tiempos, clavos y lutos.
Ya no mentirán,

solo quedará ruido y una caja,

y cuerpos que cortar,

y así verán.

Juegan en la calle,

tiemblan al pasar,

brillan desde el aire,

y ella vuelve a empezar.

Lo que debe hacer es sentarse a ver que si todo va bien, 

es posible que vuelva a creer.



- Julian Palomo y Emilio Lorente

Cuenta tu Historia