Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Cómo hallar la razón más tonta para dejar de fumar

Hace 3 años fumaba alrededor de 7 cigarros al día, hoy ya van cerca de 8 meses que no fumo ni una pitada.

La historia va mas o menos así.

Resulta que una buena tarde de agosto, mis primeros días en Arequipa aquella vez que andaba desempleada y me tome un tiempo para estar con mi papá tuve una fuerte pelea con el incoherente ¿cierto? y es que así somos, seres conflictivos que se dejan llevar por las emociones de momento, repetidas veces, hasta ir aprendiendo y evitando situaciones similares.

En fin, le pedí las llaves y salí a “dar una vuelta”, en realidad solo quería ir a la tienda a comprarme una cajetilla de 20.

Y lo hice.

Me fume dos o tres de regreso, mecánicamente, con el único fin de acabar con uno para empezar con el otro.

El tercero o cuarto lo prendí en mi cuarto provisional, y empecé a fumar mirando la pequeña obra de arte que había creado en las paredes una suerte de garabatos sabiamente elegidos que contaban una triste historia con un final bonito, un poco para matar el tiempo, un poco también para irme de ahí, habiendo dejado algo a cambio: un mensaje lleno de significados y significantes que de alguna forma ayuden a mi querido padre a salir de ese hoyo tonto que estaba cavando a su alrededor.

Y me quedé ahí, sentada en el borde del silloncito, a las 3 y algo de la mañana, fumando.

Totalmente inconsciente, ahora que miró hacia atrás.

Y en eso, desperté, claro, tan solo fueron unos segundos de iluminación, pero desperté.

Miré el cigarro que sostenía en mis dedos y de pronto, era la cosa más desagradable que estaba sosteniendo en mi vida.

¿Cómo podía darle tanto tiempo y dinero a algo tan nocivamente banal?

Y es que, aunque empecé a fumar por una razón meramente social, hace algo de 7 u 8 años, empezó a calar luego, en otros aspectos, como el gusto, el apego, la dependencia, la creación de una necesidad manipulada por la ansiedad.

Hace tres años tenía mis horas, mi rutina, mis momentos en el día donde “oye, ¿un puchito?” nunca estaba de más.

Estaba:

  • el de comienzo de mañana, incluso antes del desayuno

  • el de media mañana,

  • el de después del almuerzo,

  • el de media tarde

  • y finalmente el o los de la noche, donde usualmente eran entre 2 a 3 fines de semana, claramente, el doble

Y así se me pasaban los días, completamente dormida en el acto, convertida en un peón de la sociedad y ciertas normativas sociales que nos empujan a actuar de cierta forma para sentir algo de pertenencia.

No, no estoy diciendo que sea algo que se impone para ser o no parte de un grupo de personas, siempre podemos elegir, y yo elegía, bueno, pertenecer a un grupo.

Luego, después de salir de ese estado de inconsciencia, nos preguntamos ¿quién sigue a quien realmente?

Bueno, retomando este corto relato, apague el cigarro y boté la cajetilla. No, no fue un gran reto, ya lo había intentado dejar muchísimas veces, pero siempre volvía a él como último pero primer recurso para lidiar con ciertos problemas del día a día. Claro, como si realmente cambiara las cosas.

No fue hasta que volví a Lima y empecé a salir con este sujeto, que vestía solo Boss y que sentía que Barranco era muy bohemio para su estilo de vida, que me dijo: alguna vez de esas que pretendíamos gustarnos

“No deberías fumar, es poco femenino”

Si, sexistas, sexistas everywhere

Me reí fuerte y le dije

“Es la razón más tonta y superficial que alguien ha podido utilizar como motivo por el cual debería alguien dejar de fumar»

Me despedí, aún riéndome un poco, y nunca más nos volvimos a ver.

Falso, quizás nos seguimos viendo un par de veces más tal vez un poco para matar el aburrimiento

Y pensarán, ¡ajá! Asi que dejaste de fumar por un chico

No, nunca lo tomé de esa forma, pero fue un punto de partida, una excusa, un empujoncito.

En realidad, una reacción normal hubiera sido que empiece a fumar aún más para darle la contra, pero qué habrá pasado que no actúe de esa forma somos seres hermosamente complejos

Entonces heme aquí, 8 meses después, recordando la última vez que fumé, y en el mismo lugar donde sucedió.

Lo cierto es que ya no soporto el olor del cigarro, nunca más sentí la necesidad de hacerlo, esa ansiedad disfrazada de deseo, esa presunta tranquilidad al votar el humo.

A veces volver al momento exacto donde la vida cambió, no resulta tan satisfactorio, como este caso, donde nunca supe más de ese chico que me dio la razón más tonta y superficial para dejar de fumar, pero igual agradezco el empujón, y los momentos donde comprobé que jamás podría cambiar mi forma de ser para «estar a la altura» de alguien más, pero eso es ya otra historia

Una respuesta a “Cómo hallar la razón más tonta para dejar de fumar”

  1. Avatar de anonimuuus
    anonimuuus

    Me encanto!

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