Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

El campo de acción

Volví a construir después de casi dos años.

Sucede que me pasó algo muy extraño, en este reencuentro con Techo:

Me quede sin palabras.

Tenía a la familia, a toda la cuadrilla y los jefes de escuela entre otra gente del staff mirándome y no podía hallar las palabras correctas/precisas/necesarias que expresen las muchísimas cosas que habían pasado por mi cabeza en esos 4 días.

No sabía expresar la inmensa indignación que después de 4 años, seguía sintiendo al encontrarme, nuevamente, construyendo una vivienda de emergencia para una familia que llevaba en ese lugar cerca de 18 años, lidiando y luchando por derechos básicos.

El mismo discurso se encontraba en pie, pero es muy probable que no fuera ese el impedimento.

Esta vez, me encontraba cuestionando mucho la causa y el propósito de lo que estábamos haciendo en esa comunidad.

– Nunca me quedó muy claro el trabajo que hace techo, su fin, su objetivo – me dijo ese bello ser mientras manejaba

– Erradicar la pobreza, luchar por un país más justo – respondí casi por inercia, pero sin menospreciar la validez de mis palabras.

Ríe.

– Mi gran pregunta es.. – continuó – ¿se llega realmente donde más se necesita?

Y no supe apelar a la inercia para esa respuesta, tampoco quería hacerlo, hubiera sido deshonesta con él y conmigo misma.

Después de unos momentos, entre calle y calle, llegamos a un semáforo en rojo.

Yo ya había podido recuperar extractos de las muchas conversaciones que había tenido esos días, tanto con voluntarios con distintas formas de ver la realidad, como con vecinos de la comunidad.

Tenía un pequeño cierre, o una gran invitación al debate.

– Considero que en la medida que estemos haciendo algo más para cambiar/mejorar la calidad de vida de una familia, sea esta la más necesitada o no – dije – ya está existiendo un alcance, una lucha, una mejora, por más mínima que sea esta.

– El trabajo no se cumple con la satisfacción que obtenemos al realizar esas pequeñas acciones que van sumando – continué – sino con el propósito con el que lo iniciaste.

Suspira, me mira con cierta derrota, y cambiamos de tema.

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