Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Encorvada

Se quedó sentada frente a la computadora.

Se abrazó tanto que dolió.

Abrazó también su dolor.

La tristeza.

  • Me duele el corazón – le dijo a su amiga durante el almuerzo – literalmente siento como se rompe, y lento, para que se sienta aún más el desgarro, el quiebre.

Dentro de ella, existía algo que andaba aplastando su corazón.

Entonces salió por un momento.

Se observó.

Encorvada y con una gran máscara que la ayudaba a pretender que todo andaba bien.

Resaca existencial – concluye y se corrige al instante – resaca emocional.

Puedes llamarlo como quieras – le dice su amiga la que siempre termina estando ahí, de tanto en tanto – vive tu luto, pero que no se te ocurra volver a dejarte de amar.

Y no, la tercera o la enésima era la vencida.

En ese momento, decidió no volver a dejarse de amar, no sería nunca más necesario, estaba empezando a despertar.

Algo de un mes después de haberse visto encorvada y significativamente triste, en el aeropuerto de Santiago, llegó a una conclusión, de esas que llegan en lapsos de tiempos vacíos entre comer y esperar a que empiece el embarque:

Hay una pequeña gran diferencia entre el enamoramiento, y el amor.

Amor hay siempre, entre muchas personas, a la vez y de distintas formas; el enamoramiento sin embargo, es un espejismo, un algo muy satisfactorio que de pronto parece ser lo único que necesitas, pero es también, algo muy efímero.

Un extracto del tiempo que maquilla a las personas y sus cualidades, las realza, y realza también las emociones de por medio.

Es indudablemente pasajero, y cuando se acaba, ahí viene lo bueno.

Cuando se acaba es donde empieza o termina el amor.

Ves a la persona tal y como es, tal y como vino al mundo, como se formó y eligió ser de cierta forma y no de otra, y amas todo ese conjunto de rasgos, o no.

Ahora comprendo muchas cosas.

Y ahora también, comprendo lo que fue enamorarme hasta los huesos, lo que me permite, finalmente, comprender que no es necesario pasar por todo ese desgaste emocional donde no sabes si la otra persona quiere lo mismo que tú, solo basta amar con los ojos bien abiertos, y sobretodo, consciente.

Y no te preguntes a quién debes amar.

Empieza por ti.

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