De tanto en tanto, nos toca subirnos a un taxi con un señor o señora que le gusta hablar de lo mal que está el mundo, de lo mal que está el perú y de lo mal que está lima por minimizar el rango de crítica.
¿Qué haces en esos casos?
17:25. Pardo. Miraflores
Salgo de la oficina, hecha un ekeko dos mochilas pesadas, un trípode y un mat, me acerco a la pista y saco la mano. Un carro chiquito y bien raspado se apresura para pegarse a la vereda y darme el encuentro.
Me agacho para poder mirarlo a los ojos, le digo la dirección y se ríe.
Regateo y muestro un poco mi cara de sufrimiento, por estar hecha un ekeko y bueno, el sueño y las pocas ganas de caminar a casa con tanta vaina. Acepta.
Al entrar, a modo de hacer conversación y aprovechar en justificar el uso innecesario de su servicio en realidad pude haber caminado le comento que sabía perfectamente que tomar un taxi de ahi a mi casa ex-casa resultaba poco necesario pero que no estaba mal darse unos gustitos de vez en cuando.
Ríe.
– ¿Cómo es la vida no? – me dice – Tú acá en Lima eligiendo por que medio llegar a tu destino, y los niños en la sierra teniendo que caminar muchísimos kilómetros para llegar a su colegio.
Me quedé helada.
Y es que los días pasan tan rápido que no nos damos cuenta cuan agradecidos deberíamos ser siempre, con respecto a todo.
Las elecciones tan banales como irte a pie, en bicicleta, en bus o en carro pasan desapercibidas porque no significan ninguna lucha significante en nuestro día a día, es decir, lo hemos normalizado tanto que su elección se basa más en la comodidad que en la necesidad. claro, no siempre, pero sirve como punto de partida para un análisis no tan superficial.
El señor continuó hablando de las distancias que tenían que recorrer estos niños, con todo tipo de desventajas en el camino, para llegar a una pequeña escuela con escasos recursos.
Luego habló de la centralización, de lo bien que se vivía en Lima, de cómo todo parece quedarse siempre acá, y se deja de lado el beneficio de otros departamentos del país.
Y tenía razón.
Lo cierto es que sabemos esas muchas situaciones, solo que no se habla de ellas porque de alguna forma sabemos que nosotros, unitariamente, no podemos hacer mucho al respecto, que para eso están las muchas organizaciones no gubernamentales que trabajan en proyectos comunitarios para mejorar la calidad de vida de las personas, y eso nos deja tranquilos.
Me bajé del taxi, un poco sin emociones, un poco con muchas.
Sentía un gran agradecimiento por poder permitirme comodidades, y a la vez sentía un gran peso por aquellos que no las tenían.
Y luego, me sentí un poco culpable al tener que acudir al contraste para sentirme a gusto con mi vida. Pero, es inevitable, el contraste.
Comprendí, de todas formas, que nunca está de más agradecer por las cosas más pequeñas que nos ofrece la vida, nunca está de más recibir una cachetada de verdades de un señor taxista, que recogió a una chica hecha un ekeko y la dejó tan solo a una cuadras de ahí.

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