En junio o julio del 2005, conocí a una de mis mejores amigas.
La historia va mas o menos así.
Me cambié de colegio antes de entrar a 5to de primaria, un rollo sobre que el mundo es de hombres y mujeres, ah y que la monja del otro colegio estaba loca.
Y siendo yo, un bello ser muy tímido y muy solitario también, me costaba mucho acercarme a los demás, o mantener cierto tipo de conversación de qué hablaríamos de chibolos ¿no?.
Un buen día de junio, o julio, una niña flaquita, pálida y de pelo lacio negro se me acercó en la clase de educación física que bestia como odiaba esas horas de la semana, y no se que me habrá dicho pero nos quedamos jugando hasta que terminó la clase.
Y fue así que de un día para otro, claro, poco a poco y con el paso de los meses o años dejé de andar tan sola, de no hablar, de no soltarme y existir en armonía conmigo y con los demás.
Descubrí que no pasaba nada si hablaba, si opinaba de algo o solo acotaba cualquier tontera que se me ocurriera al final todos éramos chibolos tontos que no sabían nada de la vida.
Trece años después, sigue estando en mi vida de una forma tan cercana y pura que nunca va a dejar de sorprenderme.
¿Cómo es que puedo amarla tanto?
Igual de flaca bueno, no tanto e igual de pálida.
Y hemos tenido épocas y épocas, mientras crecíamos, mientras nos hallábamos o intentábamos hacerlo sin tener ni puta idea hacía donde queríamos ir, o nos permitíamos ir.
Y es que de eso se trata, de correr, caerse, caminar, cambiar de ruta, mirar hacia atrás, seguir avanzando, quizás volver a recoger algo que se te cayó, y luego volver a correr, pero con los zapatos bien amarrados para no caernos de nuevo.
Hemos tenido nuestras pausas, unas más largas que otras, pero de alguna forma, siempre buscábamos buscarnos de nuevo, porque así está mejor, porque algunas personas tienen sí, es una obligación que estar nuestras vidas.
Las elegimos, nos eligen y fin.
Hoy, mi mejor amiga parte.
Ella va a volar muy lejos, muy alto.
Hoy es un gran día para volar, para ir en busca de lo que quieres, para despertar.
Y se necesita mucha fuerza y determinación para hacerlo.
¿Quién iba a pensar que esa chibola flaquita, pálida y necia iba a irse antes que yo?
No podría estar más feliz, y agradecida, de tenerla en mi vida, hoy y siempre.
Vuela mi lu, vuela mucho y muy lejos.

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