– Quería responderte con un poema – le dijo mientras se acomodaba en la cama y él hacía lo mismo – quizás uno menos confuso que el que me mandaste, un par de semanas atrás.
He aquí la conclusión a la que ha llegado con respecto a escribir en pleno caos:
Llegar a una correcta comunicación resulta una tarea caótica desde su propio propósito.
Pero mientras ordenaba sus ideas, asimilando cada palabra suya y viendo como el miedo/pánico se convertía muy lentamente en paz mientras exhalaba e inhalaba, se le vino a la mente esa bella canción de jarabe de palo.
Que el blanco sea blanco
Y que el negro sea negro,
Que uno y uno sean dos
Porque exactos son los números
Depende
Que aquí estamos de prestao
Que hoy el cielo está nublao
Que uno nace y luego muere
Y este cuento se ha acabao
Depende ¿de qué depende?
De según como se mire, todo depende
Que bonito es el amor
Mas que nunca en Primavera
Que mañana sale el sol
Porque estamos en Agosto
Depende
Que con el paso del tiempo
El vino se hace bueno
Que todo lo que sube, baja
De abajo arriba y de arriba abajo
Depende, ¿de qué depende?
De según como se mire, todo depende
Que no has conocido a nadie
Que te bese como yo
– Vas a leerlo tu o quieres que lo lea yo – le dice pidiendo la mac
Y quería llenarse de fuerzas y leérselo, incluso, días atrás había practicado con sus amigas falló y se quebró a la mitad.
No supo que decir, y dejó que él decidiera por ella, como había estado haciendo desde que volvieron de viaje.
Comenzó a leer en voz baja felizmente.
Esos días abrace mi tristeza, observe mi llanto, mi necesario ataque de pánico, el miedo de no tenerte más en mi vida.
Y resulta hasta obsceno, ese miedo, pues con lo poco que nos conocemos, juzgando solo en el tiempo que ha pasado, nadie apostaría ni medio centavo en que esto funcionara, de acá a unos días, a unas semanas, a unos meses.
¿Porqué considero necesario ese apresurado ataque de pánico que tuve apenas hiciste declaraciones dolorosas pero reales, que no solo dejaban claro que ibas en picada al hoyo y que me jalabas contigo, aunque no quisieras hacerlo, sino también que tu inestabilidad me des-estabilizaba de tal forma que ya no podía ser aceptable es decir, después de tanto fracaso tras fracaso, algo debía haber aprendido ¿no?
Mi reacción me ayudó a comprender muchas cosas:
Que te quiero mucho.
Que te veo en mi vida, y me gustaría que tu hicieras lo mismo sin ser esto una petición.
Que sigo con la idea que puedo arreglar a la gente dicho más bonito: ayudar a la persona con la que estoy, a lidiar con su caos.
Que no me gusta aceptar finales
Que aún me rompo con facilidad
Que no se lidiar con la tristeza de perder a alguien
Que el mundo no se acaba porque una persona no tenga claras las cosas o sobrepiense en exceso
Observé como me aferraba a nosotros, a este vinculo tan bonito que hemos creado, y elegido crear.
Y, hablando del vínculo, hay cosas que debes saber, que quizás ya te las dije, o quizás quedaron en el aire, insolándose, o empapandose de tu olvido: Temo decirte, que no es solo la distancia lo que esta debilitándonos, sino son tus eternos cuestionamientos, tus hermosos pero’s que, aunque me encante la facilidad con la que puedes decir lo que piensas sin pelos en la lengua, también me hacen daño.
Voy a parafrasear extractos de nuestra extensa conversación de aquel domingo, donde volviste a mi, pero menos que a medias.
¿Que tal si hay alguien que es un 95% más compatible conmigo, que tú, que estás en un 85%?
Te quiero, pero no estoy enamorado de ti.
Mi prioridad ahora no es tener una relación, estoy en una etapa en mi vida donde aún no he decidido que hacer.
Si podría ir a Lima y estar contigo, tengo una tía y buscaría un trabajo, pero, ¿porqué no lo hago?
No quiero que el vínculo se haga más fuerte, si al final es muy probable que terminemos.
El viernes te hice caso y me fume un porro.
Me arme de valor y entre al cuarto de mi roomate hecha una pasa, estaba su primo, y luego llego otro del grupo. Estaban viendo un documental de lo mal que funciona la industria alimentaria.
Y me quede ahi, fumando un rato. Ellos mantuvieron su distancia. Claramente no iba a contar nada y ellos tampoco preguntarían nada no sería hasta el domingo tuvimos una extensa charla sobre el amor y sus adicciónes.
Te cuento mi proceso:
Al comienzo crei que era una broma.
Elegí no entenderte, porque intentar entenderte, me dolia mucho.
Hace tiempo no tenia un ataque de pánico. Se me cierra el pecho, no puedo enlazar ideas o encontrar calma, me envuelve el caos, el espacio se acorta, me exprime, me deja debil. Me empiezo a romper que raro
Busco pepearme, apaciguar el momento, acortar el dolor.
No, no lo asimile bien, y admito mi culpa, debo aprender a regular mis emociones y la intensidad que les atribuyo. No es sano derrumbarme por algo que en realidad no es gran cosa, es decir: necesitas tu espacio para lidiar con tu caos, y aunque me haya tomado algún tiempito, lo entiendo.
La verdad es que quería estar en tu caos como ya lo mencioné, pero no puedo obligarte a nada, menos a que no me apartes.
Gracias por ser sincero, por elegir lo que te parecia correcto, por que finalmente en eso habiamos quedado. Y pensé en decirte: tomate el tiempo que necesites, de hecho, lo hice, pero ambos coincidimos en que la distancia de por sí ya era un gran factor que nos jugaba en contra, ¿para que añadirle tiempo de pausa cuando lo que más que necesitamos es mejorar nuestra comunicación?
Sin embargo, aunque quiera poner en una balanza todo este amor que te tengo, tu uso inagotable de pero’s si, volvemos a los pero’s me hace pensar mucho en si estamos en la misma página o no, si ambos queremos y estamos dando lo mejor de nosotros para llevar esta relación a algún lado, o no.
¿Me ves en tu vida?
No es bonito tener que hacerme esa pregunta usualmente, se da por sentado.
No es bonito tampoco, el no saber qué vas a hacer respecto a nosotros cuando llegue el caos nuevamente a tu cabeza, porque va a llegar, y va a estar solo en ti saber si apartarme es lo correcto.
Terminó de leer.
Ella ya se había roto. El pánico empezaba a llegar.
Y de pronto,
Blanco.
Algo de 2 a 3 semanas después, ella ha caído en la conclusión que no recuerda nada de ese fin de semana.
Su mente su mejor amiga y enemiga a la vez había recurrido a la belleza gaussiana de sus recuerdos, difuminándolos, empequeñeciéndolos, y dejando que el tiempo, la angustia y la nueva cara de la tristeza, se borren y se confundan, se pierdan en el aquí y el ahora.
Y sí, febrero sigue sin pasar, gracias por hacerme odiar mi cumpleaños.

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