Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Amor eterno

Tengo este recuerdo – le digo, medio picada.

Y empiezo a cantar .

Amor eteeeerno, e inolvidable.

Me levanto y empiezo a bailar.

Lo jalo hacia mi, y bailamos, melancólicos, enamorados del aquí y el ahora.

La música sigue, lo suelto y cojo una libreta de viajes, de aquella que tuve cuando estuve de intercambio…

Los puentes se visten de juramentos de amor eterno, y aunque el amor si puede llegar a ser eterno, los puentes no pueden estar siempre vestidos.

Los candados son echados al fondo del río, y luego, este se encarga de enterrarlos bajo la tierra.

Los juramentos se quedan ahí, hundiéndose un poco más de tanto en tanto.

De tanto en tanto, también, las parejas que se juraron amor eterno recuerdan aquel momento, entre cierta ceguera y cierta efervescencia de sentimientos, que falsos o no, probaban un punto.

Catástrofe.

Efecto mariposa.

Y pedazos de metal hundiéndose más y más sobre la tierra mojada.

Lo que sentimos, aquí y ahora, es como ese metal – le digo

¿Frío y oxidado? – me responde con duda

Asiento.

Sobretodo oxidado – continúo – mientras revelamos el desgaste del tiempo mismo y de la distancia, mientras revelamos el mal envejecimiento, el descuido de lo valioso.

Lo tangible dentro de tu olvido – intenta seguirme la corriente – tanto del mío como del tuyo, mientras bailamos con nostalgia, con ese anhelo que se despide.

Más del tuyo – le digo

Deja de intentar escapar de la culpa – me responde – tal vez debiste haberme visto mejor cuando nos conocimos, antes de vendarte los ojos y lanzarte a lo caótico.

Suspiramos.

Abrázame fuerte – le digo – mientras sigues acá, mientras seguimos juntos y aún nos despedimos.

Puede ser un hasta luego – me dice mientras sostiene el ascensor

O puede que no – le respondo sin mirarlo

¿No me vas a besar? – me dice

No mientras me duela, si voy a besar a alguien, debe ser con amor, no con cólera ni frustración.

Cierro la puerta, recojo mis fragmentos, lo veo subirse a la van.

Y así comienza, por enésima vez, el luto.