Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Bella acotación de madrugada

De pronto, dejó de querer dormir o meditar.

Ella tenía muchas ideas en la cabeza, claro, eso es lo que pasa cuando decides poner tu mente en blanco.

Tu cuerpo quiere contradecirte  y empiezas a tener revelaciones fuertes que sientes pertinente llevarlas a cabo escribirlas, como aquella que puso en papel, una bella acotación.

Carta al amado

Entonces, en madrugadas como esta, donde el insomnio no tiene justificación aceptable la verdad es que yo misma me lo induje al comenzar y terminar una nueva e increíble serie de netflix , empiezo a preguntarme muchas cosas, muy mío, muy de siempre.

Empiezo a llegar a extractos del día que por ahí quedaron sin resolver, que por ahí quedaron poco explicados, poniéndome evidentemente expuesta e indefensa ante mis propias consternaciones.

La fecha es una de esas consternaciones.

No porque la considere un punto inflexible y de extrema necesidad, sino más bien por mero capricho convencional del asunto y la insistencia por parte de mi hermana donde sí, quizás si sentí la necesidad.

Hace unos días lo había dejado pasar, es decir, querer hablar del tema y ver si resultaba pertinente tener o no una fecha.

Lo deje ahí, lo dejé olvidarse un poco.

En eso, algo pasó.

Por algún motivo probablemente fuiste tú pero no te diste cuenta recibí una notificación de una aplicación llamada moments, con unas fotos del 6 de octubre.

No son fotos comprometedoras, ni buenas como para decir: oh wow, que bellas fotos me manda el chico, pero me recuerdan a aquella vez que nos conocimos.

Mitad de día, yo andaba en la ofi primeros y emocionantes días de esta chamba que salió de la nada y cuando más la necesitaba, me dolía la cabeza y me dijiste para ir a por un helado. a por ello, a por más

Te dije que me dolía la cabeza y que fácil otro día.

No respondiste.

Pasó el día y me dijiste para ver una muestra de arte por esquizofrénicos.

Me pareció rarazo, he de admitir.

Y dije, literalmente, que raro este chico.

Pero también me pareció muy interesante y de pronto, me dieron muchas ganas de conocerte.

Salí medio tarde la chamba, aplacé la hora de encontrarnos, me metí el viaje hasta mi ex casa apuradísima dentro de lo apurada que se puede estar, con el bellísimo tráfico de lima un viernes a las 6 de la tarde, llegué, saqué a pedro,  me bañé, me cambié, saqué una manzana y volví a lidiar con el tráfico, de nuevo hacía allá, de nuevo picándola para no llegar tan tarde a la hora acordada por algún motivo me resultaba importante estar a la hora.

Llegué, estacioné y fui al punto de encuentro.

Cabe resaltar que soy pésima reconociendo gente, resulta ser una combinación entre mi media ceguera nocturna y bueno, el roche de toda la vida.

En eso, te ubiqué entre la gente, al otro extremo del gran círculo; creo que también me reconociste y quizás cruzamos miradas.

Paniquié y me hice la loca, simulando seguir con la ceguera nocturna.

Me emboscaste, y bueno, el resto de la historia ya lo conoces.

¿A qué quiero llegar con esto?

A qué, después de haber recordado lo bonito e inesperado que fue ese día, quiero decirte que propongo el 6 de octubre como nuestra fecha, el día que dos monos se juntaron a ser ballenas o viceversa, a abrazar su caos y a ser raros juntos.