Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

La Balanza

Con una memoria tan poco efectiva/cooperativa como la mía, es dificil saber de las cosas de las que he hablado, en algún momento, en alguno de los posts, siendo esto un hecho concreto y no simplemente algo de lo que alguna vez me gustaría escribir como todo lo que está en mis borradores/notas/uno que otro papelito por ahí, y también siendo ese presunto todo algo muy disperso en su propia naturaleza, entre ideas tachadas, ideas cuestionadas, y porque no, re-formuladas.

¿A qué quiero llegar con este poco informativo/muy redundante primer párrafo?

Pues, de primer momento, a nada.

La idea con la que comencé a escribir este post se ha perdido con muchos de los textos pretenciosos que pude haber tenido en estos días o en estos últimos dos a tres meses.

Ahora mi intención es hacer un balance de mi año.

Sí, creo que para ya estar terminando diciembre mierda el año se pasó volando sabemos perfectamente para qué lado de la balanza se inclina nuestro año.

Esta idea del balance nació después de un encuentro muy rápido con un amigo por la calle.

Él andaba apurado y yo también andaba apurada, eran las fiestas o la vida misma lo que nos empujada a cada uno a un extremo del camino, pero en eso me dijo:

  • ¿¡oye y que tal tu año!? – alejándose un poco más.

  • ¡Super bueno! – alejándome un poco más también.

Le pregunté por el suyo, me respondió similar y nos despedimos. si, así de rápido pasan ciertos encuentros.

Y mientras seguía caminando pensé en lo mucho entre bueno y malo que había pasado en el año: al inicio, un remedo de calma, a modo de ocultar que aún estaba un poco/bastante rota y luego, tal vez muy rápido, la aparición de un buen pero caótico sujeto.

La llegada de Pedro, mi proyecto de especialidad, la ayuda de muchos, mi último ciclo de la universidad, la renuncia a ese trabajo que no me hacía feliz, el alivio, las pocas horas de sueño, ser frilo, el silencio, otra vez el caos, la venda, la venda que empieza a romperse, las pastillas, el despertar sin despertar, el no querer despertar, el apego, el no saber, las dopadas.

La mala alimentación, enseñar en Pamplona, re-descubrir mi amor a los niños, el sujeto parece quedarse, la mudanza momentánea, la música, crisis económica, trabajos que no me hacen feliz, el dolor de cabeza de casi un mes, el escape, el silencio, la ira acumulada y un celular roto.

La mala convivencia, el viaje de la señora, parece que el sujeto se va, la pausa.

Pintar paredes, el ejercicio, retomar el yoga, la buena alimentación, dejar de fumar, un nuevo trabajo.

El sujeto se va, pésima convivencia, falta de energía, buscar escapar, medicina alternativa, razonar al respecto, encontrar las razones suficientes, optar por madurar, crecer, la aparición de un bonito ser, la mudanza, los nuevos roomates, el gato, las salidas, la cerveza, las conversaciones, bailar mal pero bailar, sonreír mucho, menos pastillas, mucho yoga.

La llegada de juliana, meditar, mas salidas, más yoga, una bonita despedida, la graduación, bonitos paseos, paz, mejores relaciones, honestas relaciones, el cese del caos, el afán de reciclar, más yoga, las videollamadas, sigo sin fumar, ir a por más, la necedad, el extrañar, y finalmente, estabilidad emocional acompañada de mejores y más factibles propósitos.

Y el contraste resulta caóticamente divertido, claro, mirando de lejos y muy cuidadosa al respecto.

¿En qué momento cambió todo?

En ningún momento. Las cosas no iban a cambiar si yo no empezaba a cambiar.

Fin.