Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

La Mochila

20:35. Algún lugar entre chancay y el centro de lima. Lima.

Silencio.

Incomodisimo.

Siento como me observa.

A mi y a las 174 cosas que tenia en mi cabeza, empujando fuerte para abrir esa puertita que nos permite o estar muy cerca o estar muy lejos.

Y mientras andábamos en eso, sin avanzar pero luchando contra el estancamiento inevitable de mi no hablar y su solo observar, recordé el capítulo de la mochila.

La mochila no sé si así se llamaba pero hagamos como si si es un capítulo de How I Meet Your Mother donde Ted el protagonista para los que no saben de la serie está saliendo con una chica una de las muchas chicas con las que sale a lo largo de su vida de soltero y resulta que ella le hace saber que, como TODOS nosotros, él carga con una mochila medio pesada de recuerdos de fracasos amorosos, de traumas de la niñez, de asuntos sin cerrar entre muchas otras cosas que no te dejan avanzar, o hacen el proceso mucho más tedioso, porque claro, no es mayor ciencia saber que es distinto caminar con una mochila liviana que con una pesada.

Y me sentí así, como Ted con su mochila pesada, que tiene que jalar a lo largo de su vida, mientras distintos tipos de personas se cruzan por su camino y, quieran o no, también tienen que lidiar con esa mochila.

– Pero pueden haber otras formas de salir victorioso de este repetido asunto en mi vida – pensé.

¿Qué pasa si en vez de querer seguir avanzando a toda costa, me detengo un rato y examino esa mochila? ¿A qué le tengo miedo? ¿A qué me estoy aferrando? 

Estaba tan afanada hace menos de un año, con el rollo ese de «dejar ir con amor» que me centré en la parte esotérica o espiritual del asunto y terminé olvidando PORQUÉ quería dejar ir.

Ahora comprendo que todo se resume a esta pinche mochila que cargamos, que puede o bien estar equipada con lo justo y necesario para tener una vida próspera, dentro de tus aspiraciones y planes, o retrasar tu viaje, cansarte y hasta perjudicar algunas fronteras que estabas por pasar si, todo esto resulta muy imaginativo y creo que terminaré haciendo una animación de este tema, si, nuevamente dándomelas de súper animadora digital.

Entonces me detuve.

Abrí la mochila.

Y encontré una de las razones de su exagerado peso: el desorden.

Entre cucherías, plátanos aplastados, recibos variados que podía bien reciclar ahora que ando súper afanosa con el reciclaje luego también tenía bolsitas que clasificaban entre dinero, pastillas, y papelitos con mensajes bonitos cuando una es cachibachera es cachibachera.

Tenía también fotos variadas, con marco y todo, y unas piedras que recolecté por su peculiaridad y forma, pero ya tenía suficiente coleccionando botellas de cervezas como para añadir otro objeto coleccionable ¿no?

¿Que era lo que pesaba tanto en mi mochila? 

No lo encontraba, aparentemente.

Y no lo encontraría porque finalmente, no era una cosa específica lo que me estaba haciendo doler la espalda, sino un conjunto de cosas que terminaban siendo basura.

Mi mochila podía estar más organizada dentro de mi manera de organizar las cosas limpia, espaciosa, liviana.

Y fui sacando cosas, abrazando muchas y riéndome de otras, y también de mí misma, por haberme aferrado tanto tiempo a ideas e idealizaciones que hice.

Pero, tampoco podemos pretender que en una sola parada, vamos a alivianar la mochila de la mejor manera posible y fin, debemos estar conscientes que siempre es bueno revisarla/reacomodarla, porque así evitamos volver al desorden inicial, a esa acumulación de basura que no se vaciaba porque postergábamos la fecha de mantenimiento.

Entonces la desocupé bastante.

La limpié y hasta la decoré.

Porque claro, si voy a andar cargando una mochila por el resto de mi vida, mínimo me tiene que gustar como luce.

Y así fue como aprendí, de forma más concreta, lo que es dejar ir.

Vaciar, limpiar, ordenar finalmente, evitar dañar relaciones presentes por la retención de las pasadas.

 

 

Pd: No estoy segura si es la chica o si es Ted quien carga con la mochila. Si quieren ver el capítulo y amar la serie, véanla, fin.