Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Lagunas mentales áridas

Desperté, bueno, un poco perturbada.

Había perdido la conciencia un poco después de las 12 siento que cada vez sucede más temprano.

Ella solo queria dejarse ir, pero no fue de la mejor manera, ni en el mejor momento.

De todas formas no podía pasar como quisiera, en esos temas uno no puede darse ese tipo de lujos.

12.34. Reñaca. Viña del mar.

Igual disfrutaron el inicio de un nuevo año.

Amigos seductores brasileños.

Pagos de deudas pendientes para empezar bien el año.

Y bailar, bailar mucho.

Pero de rato en rato volvía a esa primera laguna mental del año.

No era la primera vez que le pasaba, de hecho, fue algo muy recurrente en ella, ese último año.

Recuerdo verla despertar con un gran blanco en su mente, su rostro lo decía todo, con un vacío entre las comas, con una laguna mental bastante árida y despoblada.

Y el primer sobresalto siempre resultaba medio disperso.

Entre el reconocimiento propio de su cuerpo en la cama, del hostel en ese caso, para luego, abrir por completo los ojos y ser consciente que es un nuevo día, y que lo que sea que haya pasado entre lo último que sus ojos miraron y el techo, o la parte de abajo de la otra cama, en ese caso, no va a poder recordar nunca.

Y sí, lo ha intentado.

Se ha esforzado y forzado a recordar.

Buscando pistas, revisando conversaciones, viendo fotos, quizás, pero nada.

Hasta que comprendió, que probablemente nunca sabría con exactitud lo que pasa en su cabeza en esas horas de «no registro» y que, es muy probable, que sea incluso una acción de si misma, que reprime recuerdos a modo de defensa, si, así de cliché se maneja la chica.

Entonces, ¿como lidiar con ese tipo de autosabotaje?

Evitando situaciones/acciones que la lleven a ese tipo de consecuencias, concluye un buen día de noviembre.

  • Debes aprender a cuidar de ti misma – le dice con suma seriedad – ¿Hasta cuándo vas a seguir usando como refugio ese resultado tan mediocre, por parte de tu cabeza, o donde sea que se encuentre el problema?

Lo mira sin querer tener una mirada de vuelta.

Pero la tiene.

La observa, yo también la observo.

Y, después de tantos muchísimos encuentros inesperados entre ambos, eso fue lo que más le gusto rescatar de aquel bello remedo de remedio, que la aguardaba allá, al otro lado de la ciudad, al otro lado de la calle.