– ¡No puede ser que esté pasando! – me dice exaltado, eufórico – ¡Contigo! ¡Aquí!
Tomo su rostro sin entender pero intentando compartir, dentro de mis posibilidades, su no contenida alegría, y le doy uno de los besos más honestos que he dado hasta ahora.
Intentando entender cómo está bella persona que tenía frente a mi, me puede resultar tan extraño y peculiar, sin que eso signifique lo mismo y dentro de las bondades de cada término, y tan adorable al mismo tiempo.
Se lo digo, sin adornar u omitir algún sentimiento.
Y él sigue sonriendo.
Echándose para atrás como suele hacerlo.
Su forma quizás de salir un poco de su actual él, para observarnos con cierta distancia y objetividad.
Observar la magia que nos empuja hacia atrás, y que nos jala con fuerza hacia adelante.
La siento.
La siente.
Y se queda contemplándome. si, he de admitir que a veces soy contemplable.
Con mis manías, olvidos, descuidos, sonrisas y toda esa energía que últimamente saco con tan pocas horas de sueño.
Recordatorio: Debes dormir más, chica.
– ¿Que bonito se está cuando se está bonito, no? – le digo y me echo también hacia atrás.
Y así, seguimos andando en esa neblina inusual de primavera, sin aparente rumbo, ni aparente seguridad, pero empapados de solo bondades.
