Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Cómo perder un amigo

Primer paso,

– Necesitamos hablar – me dices mientras esperas con los brazos cruzados.

Camino.

– Siéntate, solo es una charla – me dices mientras sonríes amable.

Y yo también sonrío.

Hay una ventana a tu derecha, me voy a la izquierda, no quiero escapar pero me fuerzas a hacerlo.

Tú te quedas a la derecha, la tienes como un plan b, solo por si se me ocurriera hacer algo impulsivo/tonto/inmaduro.

Nos encontramos entre el miedo y la culpa.

Mientras empiezo a preguntarme ¿Porqué vine?

Empiezo, también, a preguntarme ¿Qué hice mal?

Perdí a un amigo, en algún lugar de la amargura y el orgullo.

Y me hubiera quedado contigo esa noche y todas las que venían.

Hablando y riendo, o talvez, solo contemplando el vínculo que habíamos creado de casualidad.

Si es que hubiera sabido como salvar una vida, sí, me hubiera quedado contigo esa noche y todas las siguientes.

Pero lo que sucede a continuación impide que pueda salvarlo, sin ánimos de traer culpables al festín le dije:

  • Eres tú, no yo

Intentas defenderte sin inocencia.

Estableces una lista de todo lo que está mal, conmigo y con el mundo.

Pones al descubierto todas mis acciones poco correctas, pero tampoco incorrectas, desde que nos conocemos.

Ya no te escucho, y ya no quieres que lo siga haciendo.

Comienzas a alzar tu voz, y me pides que baje la mía.

Elijes.

  • Maneja a tu casa y ten cuidado con las esquinas – me dices – termina de romper lo que tiraste a la basura, desde que volviste.

Y entonces, hizo una de dos cosas.

La primera era admitir su error, abrazar el fracaso, y de paso, abrazarme con fuerza.

La segunda era admitir, también, que nada era igual, ni iba a poder ser igual.

  • ¿Porqué llegaste? – le dije – ¿Porqué te vas?

Y así, en algún lugar entre la amargura y el orgullo, perdí a un amigo.