Así que tienes tu propia pequeña historia que contar – le dije mientras caminábamos al malecón.
Claro, él no me escuchó, pero igual se lo dije.
Desaceleración, es bastante difícil llevarse bien con un extraño.
Al menos no tan rápido, ni con tanta facilidad.
Desaceleración, nunca nos habíamos sentido tan cómodos, tan libres y ligeros.
- Eso no es lo que tenías en mente – me dice al ver mi rostro sorprendido.
-
No, eso no es lo que tenía en mente – respondo con dulzura
si, de esa que a veces se me da por tener. -
No sabes en lo que te metes – me dice y se aleja un poco.
-
Déjalo ir – respondo – yo me responsabilizo si algo sale mal
Y es que es tan difícil llenarme de algo lo suficientemente bueno e interesante como para captar mi atención, y hacer que ceda ante mi propia voluntad.
– Será mejor que corras tan rápido como puedas – me dice – cuando te des cuenta que quizás me estás idealizando un poco.
- Mañana te diré si me perdí o me encontré – respondo – y me encuentre caminando, pensando en lo mismo de siempre, en lo nuevo y emocionante, o quizás solo pensando en dejar de pensar.
Desaceleración.
Dos es por un tiempo, pero luego uno tiene que irse
-
¡Eso es! – me dice de golpe – prometo no mentir ni pedirte por favor, solo te diré lo que tengo en mente, y fin.
-
Y fin – río – solo déjalo ir
