Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Y aquel día, ella supo,

Que debía dejarlo ir.

Que no fue un clavo.

No fue más que un viento,

Que empujó, y siguió empujando.

Y eso nada más hizo.

Para dejarla ir primero,

Para invitarla a ceder ante la pesadez de su vida en la suya,

O viceversa.

Pero nunca horizontalmente.

Y marzo/agosto se fue pesado,

Pero sin su rastro ni huella.

Pero con la mía, un poco más vieja,

Un poco más madura.

 

Extracto de cierta página, de cierta agenda, de cierto mes que pasó.